domingo, 10 de enero de 2021

Y SUEÑO



La Nochebuena se ha ido...
como los decorados navideños que han caído
y los villancicos,
y los turrones y los belenes...
y los Reyes 
(ay, los Magos de una sola noche),
que se han vuelto a su Oriente.

El brutal consumismo sigue viniendo,
sin irse.
Y las loterías, empeñadas en ilusiones,
apelando días tras días a la suerte
de cada bolsillo.

Vuelve la fiebre de los saldos.
El black friday, que se fue pronto, deja
espacio para el canto nuevo de las rebajas
hasta agotar las prisas...

¡Y así, año tras año
hasta el hastío!

La Nochebuena se ha ido... y 
pienso en la pericia mortal del Covid,
en las Cumbres del Clima sin salidas,
en los jóvenes de centros correccionales,
en los migrantes con olor a penurias y salitre.

Y pienso
en almas sin techo acurrucadas al calor de una litrona,
en mujeres violentadas sin tiempo para el 016,
en personas en paro laboral indefinido,
en los contratos basura.

Y pienso en los desahucios, en los recortes,
en las pensiones miserables,
en los precios que no dejan de escalar...

Y pienso
                ¡y sueño!
en mensajes consoladores
que nos resitúen en medio de una Navidad
sin fin,
en un Belén arraigado en el corazón humano
indefinidamente... 

martes, 5 de enero de 2021

NOCHE DE REYES

 Hoy Noche de Reyes es noche  folklórica y comercial, que nos inunda por todas partes en términos de consumo desenfrenado, de despilfarro… Pero también, una noche para  escuchar los susurros de los corazones sensibles. Hemos perdido mucho con la pandemia, pero no podemos perder lo que nos hace fuertes y nos une: la solidaridad. Todavía es posible iluminar los  caminos oscuros, destilar esperanza por los senderos... Todavía es posible vestirnos de niños para mirar las cosas desde un corazón limpio. Estamos aún a tiempo de fijarnos en la estrella de Belén y decididamente anunciar que los sueños de paz y equidad aún pueden inundarnos, y hacerlos llegar a los colectivos más desfavorecidos, inmigrantes, refugiados, presos, los sin techo, los ancianos en soledad, los amenazados por desahucios, excluidos… Estamos a tiempo de gritar al mundo que la estrella que guíe nuestros pasos sea estrella de amor y esperanza… Sin duda, mañana, lucirá el sol cuando caminemos hacia un nuevo Belén de la mano del hermano. Entonces, sólo entonces será una feliz Noche de Reyes

 

DESGARRO EN NOCHE DE REYES

 

Tarde de estreno enero. Tarde

de inocente griterío, de sorpresas y juguetes,

tarde de serpentinas y caramelos. Tarde

de frío,  mil gotas jugando a nieve.

Plazas, calles, coches,

muchos en peleas de claxon. Murmullos sin alma.

 

Desde mi volante, veo a ratos, sólo a ratos,

al mendigo, colilla entre labios, cabizbajo,

atuendo a jirones, mochila sobre lomo desgarrado…

Su mirada perdida en el absurdo navideño.

Y gentes más perdidas entre sus celofanes.

 

Detengo mi volante. Trato de aparcar

para comprarle  calor humano.

Por detrás,  me gritan con parpadeo vecino,

Insistentemente. Acelero. Prisas, muchas prisas…

 

Aquel hombre quedó atrás con su silencio,

su pasamontañas viejo y negro,

su colilla entre labios ya apagada,

y sus escarpines raídos

golpeando heladamente el suelo.

 

Y en el escaparate de la izquierda, gentío,

entre villancicos, estrellas, pastores, magos,

y un bello niño recostado en inmensa ausencia,

¡sin lamentos!

miércoles, 30 de diciembre de 2020

¡FELIZ AÑO NUEVO!

           ESPERANZAS

Dos mil veinte...
Mi viejo niño anoche se ha dormido
para siempre
en el cansancio agridulce
de sus doce meses pasados.

Dos mil veintiuno...
Hoy un novicio niño se me ha dado,
y una pequeña estrella en el cielo oscuro
de mi noche
despierta nuevas esperanzas.

Un año novel
me llama a construir ansias de amor,
ideales de justicia,
        oleadas de alegría,
fieles deseos de paz,
sobre las huellas de quien es el camino,
la verdad y la vida.

Romperé todas las cadenas,
destruiré todos los odres viejos...
¡Un nuevo año 
             me pide odres nuevos!

¿Crecerá mi niño sobre los cimientos de la fe,
la fortaleza,
          la audacia, 
                    la coherencia...?



lunes, 21 de diciembre de 2020

FELIZ NAVIDAD

 
Pintura de Encarnita Ocaña 

       NO HAY NAVIDAD
si no somos solidarios frente
a la pandemia que mata.
No hay Navidad, si ignoramos la mafia en las pateras 
y los muertos en los mares.
No hay Navidad, si marginamos a los presos,
a los parados, a los sin techo.
No hay Navidad, si damos oídos al dinero,
al poder, a los falsos políticos.
No hay Navidad, si no gritamos
contra la metralla de asesinos.
No hay Navidad si no alimentamos
la sonrisa de los niños...
si no destruimos los calvarios humanos.

                                  HAY NAVIDAD 
               cuando el amor triunfa sobre el egoísmo,
               cuando la esperanza triunfa sobre la desesperación,
               cuando la fe nos abandona en los brazos del Padre.

GLORIA Y PAZ 

Nace el alba de los nuevos tiempos,

silenciada para los ilustrados,

y manifestada a los pobres y sencillos.

 

Es el nuevo amanecer que une cielo y tierra,

cantando la gloria de Dios,

gritando paz para las voluntades buenas.

 

Nace el alba. Destruye las tinieblas

del pueblo en marcha,

y su luz conquista la inmensidad celeste.

 

Es un nuevo amanecer

que funde los grilletes de la esclavitud,

de la exclusión,

de la marginación

y engendra el gozo de la libertad.

 

Nace el alba entre pañales.

 

Gloria en el cielo

y paz en la tierra

atestigua la legión de los solidarios

de la gran Alegría.

 

A pesar de las penas que lloró el alba

cuando encontró cerrada

la puerta de mi posada…


viernes, 11 de diciembre de 2020

EN LA OTRA ORILLA

 


Necesitamos nuevas coordenadas para encontrar la posición que nos adentra en la Luz. Una nueva conciencia que nos permita ver lo esencial que es “invisible a los ojos”, como escribió  Antoine de Saint-Exupéry.  El verdadero valor de las cosas no siempre es evidente. El tiempo de Adviento nos trae un mensaje que no puede desenfocarnos de lo esencial: camino que nos abre a la Luz. Para ello es necesario prestar atención a la “periferia”, como repite muchas veces el Papa Francisco, si queremos ver el mundo tal cual es… donde está la miseria y la exclusión, los sufrimientos y las penurias, la enfermedad y la soledad, pero donde está fundamentalmente el marco de todas las posibilidades. Feliz Adviento, si desde nuestra orilla esperamos al Señor de la Luz, con el compromiso de derribar muros y construir puentes, ¡nuestro cometido cristiano! Feliz Adviento, si desde la generosidad y la solidaridad nos ubicamos  manifiestamente en esa otra orilla de la esperanza pascual.

Esto pasaba en Betania en la otra orilla del Jordán… (Jn. 1,6-8.19-28)

             En la otra orilla, en la Betania global,

donde la gente parece nadie

—sólo lucha anónima y compromiso silencioso—

está el punto de encuentro de todos los testigos

de la Luz.

 

Es en esa orilla, fuera de la ciudad santa,

fuera del señorío religioso,

donde la voz cobra vida para allanar el camino

al que es la Luz.

 

Es en esa orilla sin honores ni cargos,

en la Betania de la calle,

lejos de la sociedad de los altares,

donde nadie se apropia la exclusiva de la verdad

transformadora.

 

Es en esa orilla, al otro lado del Jordán

humano,

con entraña expectante,

donde surge el eco del Espíritu,

testimonio de la Palabra hecha carne.

 

En esa otra orilla es donde los obreros

gastan la vida en abrir caminos de buena nueva

al que ha de venir,

al que ya está, en su presencia velada,

entre los humildes y desgraciados de la tierra,

entre los sembradores de buena voluntad.

 

* * *

Señor, Luz verdadera, estás en medio de nosotros

y aún no te conocemos, a pesar de los siglos…

Tal vez porque nos cegamos en nuestras propias

y pobres luces.

 

Que tu Espíritu nos tienda su mano para portar la antorcha,

a sabiendas de que sólo Tú eres la luz verdadera.

Que medie tu Espíritu entre nosotros para interpretar la obra

a sabiendas de que sólo Tú eres el protagonista.

Que tu Espíritu nos ayude a entonar la partitura

a sabiendas de que sólo Tú eres la melodía.

 

Que seamos, Señor, sólo la voz que clama en el desierto, 

para no eclipsar el universo de la esperanza pascual.



domingo, 6 de diciembre de 2020

INMACULADA



Un sí nazareno sacudió al mundo en la persona de María, la nueva Jerusalén. La ciudad de David ya no es la ciudad  que simboliza la alianza con Dios, sino la persona  misma de la Mujer a quien no tocó el pecado, en su libre adhesión al plan de Dios. Así, un hombre del linaje de David, irrigado en las aguas del Jordán,  es el fermento de la metamorfosis futura por  gracia del  Espíritu Santo.  La concepción del Niño en las entrañas de la doncella de Nazaret se inserta en la era de la promesa, siendo Gabriel el depositario del secreto salvífico. La hostilidad entre la Mujer y el poder del mal, representado por la serpiente, cuya cabeza es aplastada por el talón original de la doncella, nos dice que no todo se ha perdido. Ella y el niño-Enmanuel no son extranjeros en el devenir de nuestra historia humana. No hay azar… ¡Dios tiene su plan!  La humanidad no va a la deriva, a pesar de tanta guerra, tanta hambre, tanta pandemia… Va avanzando en el Hijo de Dios encarnado en María, crucificado y resucitado. 

               HAS CREÍDO
Dichosa Tú que has creído 
(Lc. 1, 39-45)


Alma fiel en la noche de la turbación,
leal alborada entre dudas y misterio,
misterio de un camino sin hacer.

Y has creído,
corazón de pueblerina cabalgando cerros
para servir a Isabel en parto.

Esclava de Dios en libertad y fiesta,
brisa y gozo alumbrando el pesebre,
Tú que has creído.

Primavera esencial de altar y pascua,
remozada en el vino de Canaán...
y rama florida del leño verde.

Señora de Nazaret que has creído,
sé hogar de sonrisas apiñadas en mis lágrimas,
paz en mis desconsuelos.

Tú, que has creído 
en el Dios en ti humanizado,
no seas extranjera
por los linderos de mis huidas



sábado, 28 de noviembre de 2020

ADVIENTO

 Comenzamos un nuevo año litúrgico. El Adviento es el tiempo para  abrir  la Palabra de Dios que invada nuestra vida y nos ayude  preparar el camino al Señor.  En estos tiempos de pandemia nos parece sentir el llamado de Dios que nos invita a despertar, a no permanecer dormidos, antes bien tener los ojos bien abiertos, vigilantes para aprender a leer los signos de los tiempos, estos tiempos que domina la pandemia viral. Vigilar supone asumir, con la gracia de Dios, la responsabilidad que nos ha puesto en nuestras manos. El vigilar nos tiene que llevar a superar la superficialidad con que llevamos nuestra vida, a desmantelar los engaños que nos creamos ante las necesidades personales, que nos llevan a buscar de manera desenfrenada aquello que creemos que nos da la felicidad. Vigilar es sobre todo mirar a los hermanos alejados, pobres, abandonados en las cunetas de nuestra historia humana, y escucharles en sus propias miserias, desde nuestro corazón... Si nos mantenemos despiertos veremos las sorpresas que Dios nos da cada día, en la reconstrucción de nuestros caminos.


                                        DORMIDOS 

                                     ... y os encuentre dormidos
                                                                                            (Mc, 13, 33-37

Vigilad,
velad, velad

¡Qué fácil es oír pasivamente
estas palabras 
con su eco constante y librador
a través de los tiempos!

Vigilad, velad...

Nosotros 
los que estamos de vuelta de todo,
y la somnolencia del espíritu
nos ha arrinconado
en nuestro propio sopor...

Nosotros,
soñadores de paraísos,
olvidamos la tarea presente,
perdemos de vista la presencia del Reino
en la acción de cada día.

Velad...

Dios se manifiesta en lo imprevisto,
en la cercanía de nuestra casa,
junto al vecino,
en el indignado que clama despierto en nuestra orilla,
mientras nosotros,
adormilados, restregamos nuestra pereza
en la periferia del evangelio 

                                   ***
Sabemos, Señor, que estás cerca,
que eres dueño, el esperado de siempre,
violenta Tú nuestros sueños. Despiértanos.
No quieras que permanezcamos año tras año
aletargador sobre nuestras añoranzas vanas.

Ven, Señor,
que sin ti somos un puñado de penas a la deriva.
Ven, que tu Reino es urgencia
en este mundo anclado en sus pompas y artificios.

                                          ¡Ven, Señor Jesús!