jueves, 23 de enero de 2020

INVULNERABLES


La Fundación La Caixa presenta 'INVULNERABLES', un grito para acabar con el sufrimiento infantil en España. Junto con el padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz y sor Lucía, monja argentina,  “conspiran” para acabar con la pobreza infantil.


 Es escandaloso que siga habiendo niños en España en riesgo de pobreza, y que no seamos capaces de movilizarnos.

Una cifra escandalosa: 1 de cada 3 niños está en situación de vulnerabilidad social, y uno de cada 10 está en riesgo de pobreza extrema,

Aunque la pobreza infantil es una realidad invisible y poderosa, juntos podemos ser más fuertes que ella” escriben a cuatro manos, el presidente de Mensajeros de la Paz, y sor Lucía:

“Necesitamos que nos ayudéis a amplificar el mensaje, para que entre todos consigamos que los niños puedan seguir jugando, que sean niños y que puedan ser aquello que quieran ser; que podamos romper el círculo de la pobreza hereditaria; que podamos igualar oportunidades; y que consigamos que a todos los niños les merezca la pena vivir, ser felices y puedan disfrutar del bienestar junto a sus familias”.


No es posible que hoy, en la plaza Mayor de Madrid, haya decenas de personas durmiendo entre cartones, y algunos de ellos son niños. Hay niños durmiendo en las calles. Con motivo de la campaña, se hizo público un manifiesto, en el que se destacó cómo “los niños y niñas no pueden esperar”. 

El padre Ángel, Sor Lucía, La Caixa y muchos otros demuestran que hoy, por fin, es posible acabar con ella: “Queremos ir más allá de los simples guiños, y os proponemos 'conspirar' para erradicar la pobreza infantil”. 

¡Colabora con Invulnerables!


sábado, 18 de enero de 2020

CORDERO DE DIOS


Este es el Cordero de Dios…
(Jn. 1, 29-34)

¡Cordero y liberación!
A ti confío mi piel.
En ti abono mi vida.
En ti afino mi canción.

¡Divina morada humana!
En ti comprendo a mi gente,
y, hasta aprender a desangrarme,
a ti clamo con toda mi alma.

En ti, mi pascual Cordero,
disfruto lo que tengo,
hago lo bueno en secreto,
y uso tus balidos para mis lamentos.

En ti recreo mi ilusión,
en ti mi cansancio alivia al hermano,
y de la espesura de los miedos,
en ti, hago versos y oración.

Que en mí todos encuentren tu mirada,
en mí, la verdad de tu palabra,
¡Oh, Cordero de mi alma!
que vean tu camino
en mis indigentes pisadas.

sábado, 11 de enero de 2020

Y SUEÑO




La Nochebuena se ha ido....

Como los decorados navideños que han caído
y los villancicos,
y los turrones y los belenes…
y los Reyes
(¡ay, los Reyes de una sola noche!)
que se han vuelto a su Oriente.

El brutal consumismo sigue viniendo,
sin irse.
Y las loterías han bajado de tono, 
pero siguen apelando, día a día, a la suerte
de cada bolsillo. 

El black friday se fue pronto,
pero cantan de nuevo las rebajas
hasta agotar artículos…

¡Y así año tras año!

La Nochebuena se ha ido....
No así los conflictos en tantas esquinas,
¡olor a pólvora rompiendo fraternidades!

Pienso
en la Cumbre del Clima sin mayores perspectivas,
en los jóvenes de los centros correccionales,
en los refugiados con olor a penurias
y salitre.

Pienso
en las gentes sin techo acurrucados al calor de una litrona.
En las mujeres violentadas, sin tiempo para marcar el 016,
en las personas en paro laboral indefinido,
o en los contratos basura.

Pienso en los recortes,
y en las pensiones miserables
y en los precios que no paran de subir…

Y pienso,
y sueño
en  mensajes certeros
que nos resitúen en el centro de una  Navidad sin fin,
que no se desmonte de esperanzas,
en un Belén arraigado en el corazón humano,
indefinidamente…

domingo, 5 de enero de 2020

DOS CARTA A LOS MAGOS


I)

Porque hemos visto salir su estrella…
(Mt. 2, 1-12)


Amigos,
que, como nosotros,
andáis buscando a un lado y otro de la vida,
la verdadera estrella que os guíe a Belén…

Mirad.
No os detengáis en el bullicio
ni en las prisas de las gentes.
Ahí no está la estrella… No la busquéis
en la industria humana que cuece egoísmos,
odios, envidias. Ahí
no está la estrella… Ni en los golpes de soberbias
que ahogan la palabra proclamada,
ni en la avaricia de las cajas fuertes,
ni en comercios desaprensivos que hacen su agosto en diciembre.
No, no busquéis ahí la estrella…

Nosotros la hemos encontrado en medio de la noche,
en el silencio asceta,
en los goznes que chirrían pobreza.
En la sonrisa solidaria, en el repicar de campanas,
en la acogida fraternal, en el silencio de los conventos,
en los esfuerzos por la paz.

Hemos visto la estrella en el vecino inoportuno,
en el cumplidor de su trabajo, aunque la empresa no era suya,
en el que tenía poco y todavía repartía,
en el que hablaba menos y se comprometía mucho más.
Incluso, en medio de los libros
y hasta en el trajín diario de las cocinas.

Hemos visto la estrella en la enfermedad terminal,
en los niños y ancianos abandonados,
en los barrios marginados,
en las pateras, en los drogadictos,
en las mujeres maltratadas
y en la hambruna de los hermanos…

Son éstas las estrellas que nos guiaron a la Luz.
¿Comprendéis por qué no hemos vuelto a Herodes?
¡Qué paz
regresar a nuestras vidas por el camino cierto!

II)

Os deseo feliz viaje, feliz reparto…
Sabed que bajo la ventana he dejado algo de agua
por si vuestros camellos tienen sed,
y unos dulces por si podéis tomaros un rato
y descansar.
Pido perdón por haber dejado de escribiros algunos años
y prometo hacerlo desde ahora,
cada año,
no para pediros
sino por poneros al día de cómo van los míos,
de que no les falte salud ni ilusión
y sobre todo en qué invierto
cada día que se me regala desde que me levanto.
Feliz noche,
gracias por hacerme sentir niño un año más.



miércoles, 1 de enero de 2020

AÑO NUEVO


Siempre amanezca tu sol
sobre los posibles nubarrones del año nuevo.


Señor, has venido,
y te cantamos villancicos,
No faltan luces ni guirnaldas
entre el buey y la mula.

En tu portal nos encontramos muy a gusto.
Hasta nos sentimos más hermanos.
Pero por otros años sabemos
que la carrera del tiempo
nos hará sus nuevas jugadas…

Sigue viniendo a nosotros, Señor.
No adormezcas en tu pesebre,
como algún día
sobre el cabezal de la barca de Pedro.

Sigue siendo nuestro anfitrión,
vecino de nuestras nuevas penas,
de nuestros nuevos errores,
también de nuestras nuevas alegrías.

Que amanezca siempre tu sol
sobre los posibles nubarrones del año nuevo
que hoy inauguramos
Que tu luna clara no deje de alumbrar la oscuridad
de nuestras noches,
a pesar de nosotros.

Sólo así nuestra esperanza,
que llevamos en vasijas de barro,
no se romperá.
¡Cuida, Señor, nuestra arcilla!

domingo, 29 de diciembre de 2019

CUENTO NAVIDEÑO


EL SUEÑO DE MARÍA


 “Tuve un sueño, José... no lo pude comprender completamente, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro hijo. La gente estaba haciendo preparativos con seis semanas de anticipación. Decoraban sus casas y compraban ropa nueva. Salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos. Era muy peculiar, ya que los regalos no eran para nuestro Hijo. Los envolvían con hermosos papeles y los ataban con preciosos moños; todo lo colocaban debajo de un árbol. Si, un árbol, José. La gente decoraba muy bien el árbol. Las ramas llenas de esferas y adornos que brillaban. Había una figura en lo alto que parecía una estrella o un ángel; todo era muy hermoso. El día del nacimiento de Jesús, se arreglaban con la mejor ropa y se reunían a comer deliciosos manjares. Pero comían ellos solos, no invitaban a nuestro hijo a la cena navideña, y mucho menos a nosotros dos. Todos estaban muy contentos. Bailaban, bebían, se reían estrepitosamente, pero parecía que habían olvidado el motivo de la fiesta.

Toda la gente estaba muy feliz y sonriente. Estaban emocionados por los regalos; se los intercambiaban unos con otros, José. Sin embargo, al final no quedó ningún regalo para nuestro hijo. Sabes, creo que ni siquiera lo conocen muy bien; me da la impresión que lo conocen sólo de oídas, porque no mencionaron su nombre en toda la noche, a pesar de que se reunieron para celebrar su nacimiento. ¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen bien? Tuve la extraña sensación de que, si nuestro hijo hubiera llegado a la celebración, lo hubieran considerado como un intruso solamente. Nadie se acordó de él, ni de nosotros dos. Claro que ha pasado tanto tiempo, que no me parece raro. Sentí ganas de llorar. ¡Qué tristeza para Jesús no ser invitado a su fiesta de cumpleaños! Estoy contenta porque sólo fue un mal sueño. ¡Qué terrible que este sueño se hiciera realidad!”


sábado, 21 de diciembre de 2019

A LAS PUERTAS DE NAVIDAD



Con permiso de José Antonio Pagola, teólogo, me permito subir a mi  blog este  interesante artículo aparecido en “Fe adulta”, para bien de mis lectores.


Hay una pregunta que todos los años me ronda desde que comienzo a observar por las calles los preparativos que anuncian la proximidad de la Navidad: ¿Qué puede haber todavía de verdad en el fondo de esas fiestas tan estropeadas por intereses consumistas y por nuestra propia mediocridad?
No soy el único. A muchas personas las oigo hablar de la superficialidad navideña, de la pérdida de su carácter familiar y hogareño, de la vergonzosa manipulación de los símbolos religiosos y de tantos excesos y despropósitos que deterioran hoy la Navidad.
Pero, a mi juicio, el problema es más hondo. ¿Cómo puede celebrar el misterio de un «Dios hecho hombre» una sociedad que vive prácticamente de espaldas a Dios, y que destruye de tantas maneras la dignidad del ser humano?
¿Cómo puede celebrar «el nacimiento de Dios» una sociedad en la que el célebre profesor francés G. Lipovetsky, al describir la actual indiferencia, ha podido decir estas palabras: «Dios ha muerto, las grandes finalidades se extinguen, pero a todo el mundo le da igual, esta es la feliz noticia»?
Al parecer, son bastantes las personas a las que les da exactamente igual creer o no creer, oír que «Dios ha muerto» o que «Dios ha nacido». Su vida sigue funcionando como siempre. No parecen necesitar ya de Dios.
Y, sin embargo, la historia contemporánea nos está obligando ya a hacernos algunas graves preguntas. Hace algún tiempo se hablaba de «la muerte de Dios»; hoy se habla de «la muerte del hombre». Hace algunos años se proclamaba «la desaparición de Dios»; hoy se anuncia «la desaparición del hombre». ¿No será que la muerte de Dios arrastra consigo de manera inevitable la muerte del hombre?
Expulsado Dios de nuestras vidas, encerrados en un mundo creado por nosotros mismos y que no refleja sino nuestras propias contradicciones y miserias, ¿quién nos puede decir quiénes somos y qué es lo que realmente queremos?
¿No necesitamos que Dios nazca de nuevo entre nosotros, que brote con luz nueva en nuestras conciencias, que se abra camino en medio de nuestros conflictos y contradicciones?
Para encontrarnos con ese Dios no hay que ir muy lejos. Basta acercarnos silenciosamente a nosotros mismos. Basta ahondar en nuestros interrogantes y anhelos más profundos.
Este es el mensaje de la Navidad: Dios está cerca de ti, donde tú estás, con tal de que te abras a su Misterio. El Dios inaccesible se ha hecho humano y su cercanía misteriosa nos envuelve. En cada uno de nosotros puede nacer Dios