jueves, 17 de septiembre de 2020

HUGO VUELVE AL COLE

 

Parafraseando a Cicerón, me atrevo a preguntar a los señores del atril y las videoconferencias: ¿Hasta cuándo van ustedes a abusar de nuestra paciencia, dada vuestra falta de unidad de criterio o vuestra dejación casi absoluta, cuando ha reinado un tiempo tan bueno, ¡6 meses por medio!... No sé si habremos de echar manos del “polígrafo de Conchita” para llegar a la verdad en este tiempo de confusionismo y palabrería... Pues desde que el Gobierno se ha quitado de encima el marrón derivando a las comunidades autónomas las competencias… se ha condenado a la postergación a los padres-madres de alumnos, al tiempo de “volver al cole”. El paso a paso se ha hecho eterno por sus contradicciones, a pocas “horas” de empezar el curso.

Con la pandemia, no se sabe si el cole, al echar a andar,  podrá resistir los embates del Covid-19, sembrados de dudas y miedos. O si podrá aguantar tanta disparidad de criterios que emerge a uno u otro lado de la cita escolar. El Consejero de la Junta de Andalucía, Javier Imbroda, ha dicho que el sitio mejor para los niños es el colegio, aunque el riesgo cero no existe. Y  el propio Director de Centro de Coordinación de Alertas, Dr. Simón, epidemiólogo, asegura que los contagios desarrollados en las escuelas serán muy bajos.  Distinto criterio ha manifestado un elevado número de padres, cuando ante el  alarmante aumento de los rebrotes, se plantearon no llevar a sus hijos al cole y solicitar la legalización del Homeschooling,  (“educación en casa”),  aduciendo que se benefician todos,  niños-padres-profesores, “por razones obvias”… Una alternativa pedagógica que no me acaba de convencer, a pesar de que es legal en países como Alemania, Francia, Reino Unido, etc.  En cualquier caso, ante la susodicha  disparidad de criterios, decididamente pongo mi mano en el fuego a favor de quienes desde la familia  se confiesan “autojuzgados” en situación de inferioridad crítica respecto al Ministerio de Educación y al propio profesorado…

El dialogo es el eje revolucionario que debe vehicular la vida escolar. Es el camino de la innovación participativa… No se trata de  artificios pirotécnicos en esta coyuntura viral. No, es de una responsabilidad inalienable que los padres participen en la coordinación implícita con el profesorado. Más en este tiempo de vuelta al cole  bajo la pandemia. Y, sobre todo, cuando creemos que la comunicación humana es la piedra angular del acto educativo.

El cesarismo, en connivencia con los aliados populistas e independentistas, ha imposibilitado el verdadero diálogo político y pedagógico. Bien a pesar de ello, Hugo, seis años, y sus padres afrontan esta etapa con la nobleza que exigen los protocolos sanitarios, sin encubrir lógicas discrepancias: las mascarillas en tal edad temprana, como la distancia social, o el repetitivo lavado con gel hidroalcohólico, cuyo anecdotario recoge magistralmente el ilustrador César Cámara (cf. Internet).  Los niños han sido puntualmente advertidos, pero no sería extraño ver algún día aparecer a mi nieto, olvidadizo, portando la mascarilla de su “compa” Diego, tal como ha sido, en su primer día de cole, ese juego al despiste de Hugo dándose el apretón con  Kubrat, después de tantos meses sin verse, en lugar del “codazo” de rigor.

El diálogo familia-profesorado-gobierno (¡que ha fallado hasta “horas” antes  del comienzo de curso!), en adelante ha de crear un clima integral más respirable en el ecosistema escolar, sabiendo que tal diálogo es ese “sol que no se apaga durante la noche, se nos oculta por un tiempo por encontrarnos «al otro lado», pero no deja de dar su luz y su calor (cf. Palabras del Papa Francisco a los profesores en el inicio del ciclo escolar actual). La imagen, pues, de los padres con sus niños vueltos al cole, a pesar de la pandemia y de los enfrentamientos y crispaciones de los dirigentes de turno, no deja de ser una invitación a la esperanza. 

sábado, 22 de agosto de 2020

SILENCIO FLORAL

 

De nuevo llueve sobre mojado… el virus sigue campando por sus fueros: más contagios, algunas muertes más, nuevos confinamientos… y una economía que se desinfla sin parar… ¡Brazos caídos, desesperados!  Un precio bien alto: cada humano contagiado o fallecido es una historia única que intenta buscar razones en nuestra mente, en nuestro corazón. La sinrazón de lo real… y más cuando nos toca de cerca, familiarmente hablando, las zarpas del bicho.  Pero la esperanza no claudica, único faro ante lo que parece injusto por incomprensible… Por ello, intento entender el poema “Silencio” de Octavio Paz, en el  funeral de Estado por las víctimas del coronavirus, el pasa 16 de julio:

                             Así como del fondo de la música

brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

 ¡Hasta los silencios callan!... Silencio que no es sorpresa, porque nuestra mente es tan  limitada que no tiene respuesta para tal “tsunamis viral”, a no ser que nos agarremos al encuentro de  Jesús con la Cananea, aquella mujer pagana que logró “vencer” al Galileo (cf. Mt 15,21-28).

Nuestra sociedad permanece en la inmunodepresión… en cuanto enigma que  no es capaz de aminorar el ranking elevado de contagios o muertes.  Se habla de una carrera a escala “internacional” de búsqueda de vacunas (¡Cada proceso de investigación por su lado, lamentablemente!).  De momento, pues, el cuerpo no puede producir una respuesta inmunitaria adecuada. Y permanecemos a merced de un virus caprichoso que todavía no ha desvelado toda su metamorfosis, y sigue siendo como el estridor de grillos y cigarras…. Nos ha cogido en nuestra propia desnudez científica. Dicen que  seis proyectos se encuentran en la fase más avanzada, mientras que Rusia asegura que ya la ha desarrollado. ¡Nuestro silencio calla!

Parece que bebés se han contagiado de coronavirus en su primer mes de vida, aunque la mayoría de ellos no ha tenido ningún síntoma, según un registro puesto en marcha el pasado abril por la Sociedad Española de Neonatología. Cierto, por otro lado, que en el mundo mundial se dice hoy que EE.UU. es el país con más contagios y más fallecidos, pero el virus se sigue extendiendo con celeridad por Brasil, India, Rusia... Nuestro mismo Ministerio de Sanidad ha registrado casi dos mil casos de coronavirus en 24 horas, y un total trescientas y pico  mil infecciones confirmadas a través de pruebas PCR, lo que mantiene a España a la cabeza de Europa occidental. Y mientras tanto sigue subiendo la lista de parados y paradas: muchos miles de trabajadoras del hogar fueron despedidas en estos últimos meses… y más paro en pequeñas y medianas empresas. El silencio enmudece compitiendo con las informaciones y desinformaciones de los bufones  políticos de turno…  y sólo se rompe ante la palabra profética del Papa Francisco o de nuestro llorado Casaldáliga, el obispo de los pobres: ¡urge globalizar la solidaridad y humanizar la humanidad!

Asimismo, hemos de cuidar el aforo en nuestros "necesarios" encuentros y las medidas sanitarias. Toda la prudencia es poca por los rebrotes en cada rincón que pisamos. Como humanos, y aún más como cristianos, tenemos que ser ejemplares en el cumplimiento de las pautas de salud pública... Como pedía el cardenal Omella, hace días en una entrevista: se aparquen las diferencias políticas y se trabaje de forma conjunta y en busca del bien común para afrontar la situación de crisis sanitaria y económica. Todo un camino a seguir de cara al extraño curso que está (esperemos) a punto de comenzar.  

Y más... Medio millón de niños del área metropolitana de Beirut, antes de las explosiones, se estaban viendo obligados a luchar cada día para sobrevivir por la irrupción de la pandemia y el confinamiento. Y -¡horror!- llegó la artillería destrozando vidas… Y a todo esto, por nuestras tierras, se une el alarmante abuso de los espacios de ocio al amparo del consumismo bestial.  ¡Riesgo de botellones!

Que el silencio –nuestro silencio- sea floral para vivir  felices reivindicando un respiro ecológico para el planeta y la consumación de una esperanza militante que se haga viral. Bien a pesar del silencio, ¡el mismo silencio floral de Dios!:   Porque Dios es como el sol. Se le vea o no se le vea, que aparezca o se oculte, Él brilla (cf. Éloi Leclerc, “Sabiduría de un pobre”).


lunes, 17 de agosto de 2020

EL PROFETA DEL ARAGUAIA

 

El obispo catalán Pere Casaldàliga, defensor de los derechos de los indígenas y uno de los promotores de la Teología de la Liberación, ha fallecido el pasado sábado, 8 de agosto, a los 92 años en la localidad brasileña de Batatais -dentro del estado de Sao Paulo-, donde estaba ingresado desde hace días por una afección respiratoria grave. Su voluntad de servicio a los pobres, con los que siempre quiso trabajar y vivir,  lo ha proclamado la personalidad española más internacional que durante más de medio siglo se convirtió en el defensor de los “condenados de la tierra” y en la voz de la gente cuya voz no suele ser escuchada.

La prensa escrita y online (cf. Religión digital”)  se han hecho eco de esa “inmensa vida”  de profeta y voz de los pobres del Brasil y de todo el mundo.  El reconocimiento universal a su palabra y a sus obras, vox populi, lo sitúan ya en el santoral de la Iglesia, san Pedro Casaldáliga, pastor de Sao Félix do Araguaia…

 "La última interpelación de Pedro Casaldáliga"  (cf. Crear pensando. El blog de Michael Moore) es el profundo obituario (aquí resumido) que el cineasta  dedica a quien ha sido testigo del Evangelio, durante su vida de misionero y obispo del Mato Grosso : …Te fuiste pero no sin antes dejarnos unas últimas interpelaciones. En vida fueron tus palabras y tus gestos; en tu muerte, algunas imágenes que quedaron congeladas en cuatro fotografías (de las decenas que contemplamos en estos días): tus manos, tus pies, una canoa y una tumba perdida en medio de un cementerio (de) olvidado(s).

Tus manos, ahora más blancas, ya descansando, vestidas sólo con aquel anillo negro de no-oro, signo de tu desposorio e identificación con los olvidados de la Amazonia. Apoyadas sobre una estola colorinche. Manos trabajadoras que, siempre unidas a otras manos, lucharon por la utopía de “la tierra sin males” (y sin malos): “Creo en la internacional / de las frentes levantadas, / de la voz de igual a igual / y las manos enlazadas...”. Ante tanto latifundio blasfemo, el derecho al pedazo de tierra de tus despojados fue una de tus primeras y constantes “causas”Manos esperanzadas que construían y luego reconstruían lo que otros destruían;  manos que se sabían sostenidas por las de Otro…  Manos que se sabían interpeladas por las de quienes “morían antes de tiempo”, confiando e invitando a confiar que los verdugos no tendrían la última palabra: “Nuestros caídos mueren / con la Esperanza en flor entre las manos”. Pediste, finalmente: “Dejadme hacer acopio de ternura: / ¡tengo la vida, entera, entre las manos!”. Y, efectivamente, viviste y moriste “con la ternura al borde de las manos".

 

Tus pies, que ya si siquiera calzan aquellas ojotas gastadas. Desnudos y llagados… como los de aquel otro Crucificado. Tus pies, que parecen conservar algo del polvo de los senderos recorridos, Pedro encarnado en estas tierras, a imitación del Verbo mayor…. Caminando, analizaste y sintetizaste, poetizaste y profetizaste, anunciaste y denunciaste. Y aconsejaste: “No te avergüences nunca / de proclamar Su Nombre, / deletreado en actos. / (…) Comulga su Espíritu en la hostia. / en el silencio de los pobres / y en el grito de los muertos. / Abrázalo en toda carne humana. / y espera Su Regreso, seguro, imprevisible, / con tus pies ahincados en nuestro cada día”. Porque Lo esperaste con los pies bien anclados en la historia, abrazando a todo crucificado, le fue fácil encontrarte, en Su Regreso, al Resucitado...

Tu canoa...  Tu diminuta humanidad -¡tan humana!- sobre una pequeña barca como féretro. Bien contento estarás de tu “Canoa”, a la que loaste: “Simplicidad perfecta. / Juego de niños grandes. / Réplica fiel de pájaros y peces. / ¡El más bello vehículo que labraron los hombres! / Tallado, a pie y a hacha, / por el arte supremo de los indios. / Pura estabilidad, / sin peso y sin medida, / sólo a merced del remo, del viento y la mirada...” Allí acomodaron tu cuerpo inerme, también él ya “sin peso ni medida”, para que eche a andar sobre el Araguaia, río abajo, cielo adentro.  Ahí va dom Pedro: “Recostado en el mástil del crucero / me columpian el barco y la esperanza. / Mis sandalias enfilan, descalzas, en la proa, / no sé qué singladuras”. No te preocupes, hermano, si tú lo ignoras hay quien lo sabe, puesto que en tu canoa vas bien acompañado… por “La prostituta”: “Como un dolor pasado de paciencia, / ella es morena oscura (…) /Ella se sienta en el bordillo, ausente. / Viene, a la hora de comer, a popa; / le doy un vaso de agua; / y se vuelve, discreta. /María Magdalena, en el barco de Pedro, / se sentaba a los ojos del Señor, / y el Señor la miraba”. Ella te conduce hacia el Abrazo definitivo de aquel “En Quien soy, a Quien llamo, a Quien vamos, en Quien espero a gritos. / ¡A Quien, viviendo simplemente, amo! / ...Y el río tierra abajo, tarde adentro. / Y el barco río arriba...”

Tu tumba... Pedro descansa donde siempre soñó, a la orilla del Araguaia, entre un peón y una prostituta”. Un puñado de tierra y una cruz de palo -"¡y mais nada!"-en el cementerio de los olvidados, de tantos sin-nombre, de tantos aplastados. “No tener nada. / No llevar nada. / No poder nada. / No pedir nada…” Una tumba en tierra prestada para el profeta de São Feliz como también la tuvo el de Nazaret.Y te vas, en tu silenciosa canoa, bien acompañado por todos ellos, río arriba, cielo adentro. “La angustia y la ternura / me abrirán, como remos, / las aguas de la muerte”. Y las puertas del cielo te las abrirá, adelantándose un poco -como marca el estricto protocolo del evangelio (cf Mt 21,31)-, la prostituta, tu compañera de viaje(s). A ella, “una cruz de oro falso le cuelga sobre el pecho, / sobre las fuertes lilas del vestido”; a ti, finalmente libre y despojado, sólo te cuelga de las manos el “corazón lleno de nombres”.


 ¡Pedro Casaldáliga, abanderado de los pobres,  ruega por nosotros!

lunes, 10 de agosto de 2020

CATARSIS VIRAL

 

Y la gente se quedó en casa.

Y leyó libros y escuchó.

Y descansó y se ejercitó.

E hizo arte y jugó.

Y aprendió nuevas formas de ser.

Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.

Alguno rezaba.

Alguno bailaba.

Alguno se encontró con su propia sombra.

Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente se curó…

La pandemia de coronavirus ha inspirado estos versos a Kitty O’Meara, maestra y asistente espiritual en hospitales de Estados Unidos. Son versos que anuncian catarsis ante el Covid-19. Purificación ante los esquemas virales.


Dese xeito poderemos trocar os medos en coidados,

a angustia en esperanza,

e o mal xenio polo confinamento obrigado nun espazo

vivo, creativo,

cargado de amor, de humor e de beleza humana ( cf. Regal en “Na soleira do Deus da vida”, Sept 2020)

La verdad es que el bicho nefasto, microscópico y mortal, ha sembrado maldades por todos los rincones del planeta, hasta llegar a las zonas “freáticas” de nuestra humanidad. No hay más que lanzar una mirada viajera por el mundo para entender la miseria que ha sembrado y sigue cosechando… Gentes -¡millones!- que se sienten hoy a la intemperie, confundidos y  desamparados en medio de la crisis viral. Ha crecido una millonada laboral en paro, como millonada es la irreversible mortandad humana a causa del tal “tsunamis-19”… El coronavirus nos ha situado en el límite de una anarquía pandémica, como si de un aquelarre se tratara, pero -¡a Dios gracias!-  nos empuja a salir de su  guarida…  porque,  si bien es cierto que nos aprieta  por todos lados,  no por ello nos aplasta (cf. 2Cor. 4, 8). Este brujo pandémico, sin pretenderlo,  nos ha concedido un  tiempo para la creatividad:  repensar nuestras vidas,  descubrir los valores más importantes, como salud, relación social, reencuentros  familiares, experiencias de imaginación con los niños, fomento de la solidaridad, participación de bienes, empatías a espuertas… siempre la mayoría de los ciudadanos “cuidando las formas”, obediente a la normativa sanitaria…

El coronavirus hay tiempo ya que nos puso de rodillas para obligarnos a lamer el lodo de nuestra propia vulnerabilidad. Y seguirá por un tiempo, según las predicciones de nuestros científicos, colapsando nuestra salud. Pero el final está en el triunfo de la esperanza firme que leemos  en el Evangelio, como Palabra humanizada y comprometida de Dios. Ciertamente,  no puede ser de otra manera, siguiendo la práctica purificadora de su propio mensaje. Es tiempo  de catarsis, concepto aristotélico, pero no menos cristiano, que nos va redimiendo de esa tragedia que han dado en llamar Covid-19.

Dios se nos manifiesta, rompiendo esquemas, sea  en el silencio neotestamentario de un susurro  que oye Elías (cf. I Re.19, 9-13)  sea también en las tempestades de la vida (cf. Mt. 14, 22-33).  Él siempre cercano a los sufrimientos y  los gozos de la gente (cf. Mc. 5, 21-43; 7, 24-37;  Jn. 2,  1-11; Jn, 11, 33-44;). ¡Infinita originalidad!

Por ello, hoy, Jesús caminando sobre las turbulentas aguas del virus,  no pretende transmitirnos seguridades con falsas esperanzas. Nos exige respuesta, como a Pedro: Ven (Mt. 14, 29). Somos positivos  y,  con la santa de Ávila, decimos: Tristeza y melancolía no las quiero en casa mía”…

 


lunes, 3 de agosto de 2020

SABER ESTAR EN EL MUNDO

 

Anthony de Mello, cuenta en su libro, “El Canto del Pájaro”: Por la calle vi a una niña aterrida y tiritanto de frío dentro de su ligero vestidito y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente. Me encolericé y le dije a Dios: ¿Por  qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo? Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, de improviso, me respondió: “Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti” (cf. “El zorro mutilado”).

Reflexionando sobre la pequeña fábula, creo que mucha gente -¡a Dios gracia!- no ha olvidado el camino, ante tanta interpelación continua del Covid-19. Así se explica la entrega a la causa de los infectados por parte de sanitarios y demás profesionales, capellanes y voluntarios en general, aún exponiendo hasta el extremo sus vidas…         

Hay motivos para seguir preocupados, ciertamente. Línea de flotación del coronavirus sigue acercándose a límites insospechados. Una nueva ola arrecia. Cuando todo parecía que la herida iba cerrándose… no sólo perdura la cicatriz, sino la propia herida se ha engrandecido, aunque disimulando la gravedad del inicio.

Junto a los rigores caniculares de agosto, donde se deja sentir el periodo más caluroso del año,  el desgarro viral presente no es fingido. Ojalá aprendamos algo de lo que estamos viviendo y seamos capaces de deshacernos de las intrigas del consumismo feroz y el desenfreno en la carrera de la contaminación, y nos hagamos conscientes  de crear espacios humanos donde vivir felices “con lo que tenemos”, sin hambrear más, y necrosando todo tipo de egoísmos, hasta dar respiro a nuestra sociedad y a nuestro propio planeta, cansadas ambas de tanta “suciedad”.

A pesar de todo… Como las aves que dibujan decenas de líneas curvas para llegar a su destino,  así Dios, como sabemos por Jesús de Nazaret, sigue fiel a nosotros en sus aparentes líneas torcidas. Él es compasivo y misericordioso en toda situación humana (cf. Sal. 103, 8-13; Lc. 1, 50),  y en su compasión goza con las gentes, atento a sus necesidades (cf. Mt. 14, 13-21). En tiempo de coronavirus estar al servicio de la vida y de la comunión con los hermanos, es la fórmula de empatizar a bocajarro con el espíritu del Evangelio.

Hemos perdido mucho con el Covid, pero también mucho hemos ganado: la gran riqueza de la relación humana, constructora de reencuentros. Cuando la vida enfila el declive, el ser humano busca asideros de esperanza, se decía en un mensaje por WhatsApp. Y, entre las frases apodícticas del maestro Aristóteles, encuentro aquella que dice "la esperanza es el sueño del  hombre despierto"… Es que, de verdad, la esperanza es, ante todo, la virtud innegable de saber estar en el mundo.

 


domingo, 26 de julio de 2020

CARTA A COVID-19



Hola, bicho malo, repugnante. No vengo a afearte, pues tú pasas de eso... ¡Vengo casi a darte las gracias!
Sí, has sembrado muertos y contagiados, a millones, y cuando todo parecía que te habías ido a otro planeta, vuelves a nuestra casa con toda tu mortal perversidad. En nuestra geografía ha comenzado un retroceso obligado, cerrando el ocio nocturno, las peñas recreativas,  establecimientos, agrupaciones… ¡imponiendo nuevos confinamientos! Tu pandemia no la has creado a nuestra medida, ciertamente. De hecho, mucho personal médico y de enfermería, responsables sanitarios y de otros trabajos profesionales y  generosos voluntarios y ancianos de nuestras residencias, han perdido la vida a causa de tus maldades. Tú sigues siendo noticia ascendente. Y lo que, si cabe, es más doloroso, entre la población “sintecho”, entre los más pobres del planeta, entre los emigrantes que  no son causantes de nada, sino víctimas. Estamos ante una segunda ola tuya gangrenada.
Pero mira. Para el rey Salomón nada había nuevo bajo el sol  (cf. Ecl.1, 9), como indicando que la historia se repite cíclicamente, con más o menos virulencia. La humanidad, desde que es humanidad, ha sufrido otras graves pandemias. No eres tú sólo quien  se ha lanzado hostilmente contra la faz de la tierra… La historia es testigo.
La línea roja, pues, divisoria entre la muerte y la vida, si pasaba por tu corazón,  hoy ya pasa por el corazón de cada hombre y mujer que desciende a las profundidades de la ciencia. De ahí que venga, tristemente, a darte las gracias. Porque en medio de las limitaciones económicas, sociales y hasta religiosas derivadas de tu acción malvada, cabe extrapolar tu invento y aprender la lección de la mano de tanta gente buena, científicos, médicos, sanitarios… y  del propio Papa Francisco, cuando llama a contagiarse con “los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad”  y a “sortear astutamente los obstáculos”, siguiendo la lección que romperá todo el fatalismo en el que nos habíamos inmerso y permitirá volver a sentirnos artífices y protagonistas de una historia común” (cf. Vida Nueva, abril 2020)
Sí, Covid, gracias a ti, todos, y en especial los discípulos del Nazareno, hemos aprendido a hablar con el lenguaje de los ojos, mientras cumplimos con la mascarilla. Tu ferocidad nos ha sacado de nuestra zona de confort, dejando al descubierto nuestras falsas seguridades. Gracias, porque ya hablamos con alegría de templos vacíos o liturgias con sabor a catacumbas, por aquello de que llegará un día en que adoraremos a Dios, lejos de los templos, en espíritu y en verdad. (cf. Jn, 4, 23)… Y hablamos con esperanza, porque, cuando nos creíamos todopoderosos y casi inmortales, nos has convencido de que tu microscópico ser tiene capacidad para derrumbar esta estatua de oro con pies de barro que nos estábamos construyendo. Y hablamos de solidaridad, convencidos de que somos humanidad, donde juntos somos contagiados, y sólo juntos nos libraremos de ti. (cf. Regal, en Encrucillada/218)…Y, en ese lenguaje de nuestros ojos,  hablamos de tomar de conciencia de nuestra responsabilidad, porque llegará esa hora, ya empieza a calar, en que dejaremos de inocular contaminación a nuestros mares, fuego a nuestros bosques… y nos propondremos hacer nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5).
Quizá he pecado de soñador. Y tú seguirás haciendo daño. En cualquier caso, despreciable Covid-19, si nos has ganado muchas batallas, no has ganado la guerra. Tu locura viral no tiene la última palabra...

domingo, 19 de julio de 2020

CODO CON CODO




1) Pisamos sobre nuestra propia historia donde cohabitan constantemente el bien y el mal, -el trigo y la cizaña (Mt. 13, 24-30). Pecar de impaciencia es querer superar esa lucha en la prisa, en la urgencia, antes de finalizar nuevas historias…
La cantidad de infectados por el Covib-19 y de muertes camina por derroteros abrumadores y en nuestro país se imponen nuevos confinamientos… La pandemia sigue rompiendo esquemas. El virus no duerme, brotes y rebrotes nos asfixian de nuevo.
La parábola del evangelio es una llamada a la sereni­dad, a pesar de contagios y confinamientos,  ¡la cizaña!  Urge  mirar la vida -¡la siembra!- hasta el fondo e intuir la acción callada de Dios. “No se ve bien si no es con los ojos del corazón”, que escribía Antoine de  Saint-Exupéry, en “El principito”. O según san Pablo: “No ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales, las invisibles son eternas” (2 Cor. 4,18). Y es también lo que nos propone el papa Francisco, cuando nos invita a hacer un buen discernimiento, a mirar las cosas desde el corazón y a ponerlas bajo la mirada de Dios… El corazón, en el lenguaje bíblico, indica la sede, como la realidad más profunda de la persona. “Guarda tu corazón con toda cautela, porque en él brotan manantiales de vida” (Prov. 4, 23). Serenidad, pues, y paciencia, y entereza, y ecuanimidad… porque “el corazón tiene sus razones, que la razón  ignora”,  decía Blaise Pascal.

2) La vida está sometida a ley de polaridades: desorden y cao, por un lado y, por otro, orden y vida. La cizaña y el trigo son semillas antagónicas. La cizaña daña al trigo y el trigo no ahoga, fácilmente, a la cizaña… Convivimos con la cizaña de hoy,  la pandemia,  y aunque crece a nuestro lado,  dándonos jaque con sus efectos traumáticos evidentes, nuestro sueño es esa “semilla” que nos devolverá a la vida, empatizando con nuestro siembra… ¡Una visión nueva de la realidad aún es posible!
En cualquier caso, la desesperanza que pueda aturdirnos en ese combate cizaña-trigo, no ha de cegarnos para mirar al futuro… Nuestro rey Felipe VI, ha dado una muestra más de temple y personalidad para afrontar el homenaje a los familiares de las víctimas de Covid-19. Martín Lutero King, en agosto de 1963,  pronunció aquel famoso discurso “I have a dream” (“Yo tengo un sueño”, en favor del empoderamiento negro), gracias al cual se extendería por todo el país la conciencia pública sobre el movimiento de los derechos civiles. Nuestro temple y nuestro sueño, a pesar del ruido que genera la “verbodemia” ante los micrófonos que tanto nos viene oprimiendo,  es un desafío para un "durante y un final" de la pandemia: los hombres, las mujeres y los niños que en sus vidas no han conocido más que  el sufrimiento… ¡las víctimas de la mayor pobreza que vendrán tras el virus! Mantengámonos firmes, dispuestos “codo con codo” a innovar nuestros corazones, creando hábitos de solidaridad. Y con la conciencia de nuestra fragilidad, confiar en que nuestro “trigo” sea almacenado en el Granero (Mt. 13, 30).