domingo, 24 de mayo de 2020

ID...



Dada la velocidad cómo el Covid-19 se ha desarrollado a escala mundial y la facilidad cómo se ha propagado, esta pandemia habla de ser insólita desde  los tiempos inmemoriales del comienzo de la vida humana.
Insólito e inconcebible resulta que tal virus microscópico siga desafiando mortalmente  a  todo un planeta de más de siete mil millones de habitantes con una infinita capacidad de contagio. El virus, residuo de nuestros egos, nos ha puesto de rodillas a toda nuestra humanidad ebria de autosatisfacciones...
Hoy, día de la Ascensión del Señor resucitado, este hecho tristemente contrastable del coronavirus está exigiendo el contagio de otro “virus” que haga posible un tejido de solidaridad tal que dé muerte definitiva a tantas muertes por hambrunas, por guerras, por atentados, por enfermedades curables, por cambio climático provocado,  por incoherencia de la gente que no guarda las prescripciones sanitarias… ¡Ello será lo que dé sentido a la vida que anhelamos!
Un nuevo “virus”, pues, que genere  armonía y obre la paz a partir de la fe en el Evangelio como forma de vivir. La recomendación de hoy es abandonar la complacencia de nuestro personal Tabor y bajar al terreno de los hermanos que sufren y seguir al Maestro, viviendo con él y como él.
Todavía no sabemos ni el cuándo ni el cómo del acabamiento de la pandemia, pero es obligado empezar a reconstruir ese puzzle de  esperanza ante la inmensa crisis que se nos avecina…

Id y haced discípulos…
(Mt. 28, 16-20)
Amigos del Galileo,
dichosos vosotros que lo habéis visto subir al cielo,
tras su vapuleo en la tierra por amor.

Ahora triunfa. Sube a los cielos…
y os quedáis pasmados mirando a las nubes,
como huérfanos,
esperando que las cosas de la tierra
se arreglen desde el cielo.

Habéis vivido la ilusión de tenerlo a vuestro lado
y ahora se marcha a cumplir con el Padre,
no sin antes echar el cerrojo a vuestros miedos.

Porque ahora suena vuestra hora en su Espíritu:
ser audaces testigos
y gallardos arrieros en el camino que conduce a Él.

Fue necesario que os dejara.
Habríais podido continuar mucho tiempo alucinados,
mirando al cielo, soñando castillos en el aire,
a pesar de la urgencia de su evangelio.

Hacía falta que Él se fuera
para que todos los hombres escuchen su voz
a través de vuestra voz.

Id,
no sigáis agarrados a las nubes.
Mostrad su camino que sólo pasa a través de los hermanos.
Despegad del cielo, sí.
Y pisad bien la tierra,
como hombres nuevos que saben dar la talla.
en medio de dudas e inseguridades.

No es fácil la tarea que os ha dejado el Maestro:
Id y proclamad el mensaje a pesar de la sordera del mundo.
Id y mostrad los signos, en medio de la ceguera global.
Id y predicad el amor entre el barbecho de los odios.
Id y sed testigos en medio de la orfandad que provocan
las mieles de este mundo.

No, no es fácil, pero ésa es vuestra tarea,
¡y la nuestra, como seguidores del Nazareno!…





viernes, 22 de mayo de 2020

REBELDE CON CAUSA


Murió el pasado 16 de mayo, pero el eco Anguita continúa sonando. Y perdurará… como milagroso ejemplar de político honesto. Por ello, yo me sumo a cuanto se ha escrito sobre Julio Anguita. Se han oído muchas voces, también se ha leído mucha tinta… La mayoría de rotativos, de televisiones, de redes sociales ha proclamado juiciosos obituarios. 
No tuve ocasión de conocerlo personalmente, y sí a través de sus escritos y, sobre todo, de sus diversos parlamentos y entrevistas plenos de seriedad sociopolítica.  Por ello, ante él, memorial de solidez ideológica, me descubro, aún cuando no haya comulgado siempre con el conjunto de sus ideas. Disentí de algunos de sus postulados comunistas, pero admiré su pragmatismo, más allá de la pura teoría.
Su preocupación por España rozaba siempre lo correctamente ético. Su ideario era clarividente desde la enseñanza a la política, desde la política a su vuelta a la enseñanza, incluida su renuncia a la remuneración que como político le correspondía. Su luz ha brillado por encima de las mezquindades de sus correligionarios, hoy tan chapuceros.  
Respetuoso en la manifestación de sus “pasiones”, lejos de todo fanatismo, mantenía una visión coherente de la revolución socioeconómica y política que defendía desde sus principios comunistas. En  la función pública ejerció de demócrata sobrio, casi místico. Solidario en causas ajenas y lejos de frivolidades y conformismos, fue “profeta” cristiano, musulmán y judío, a la vez, por vinculación a la idiosincrasia cordobesa. Tenía “clase”… ¡eso que le falta a la mayoría de nuestros políticos!
La ciudadanía, y más sus adversarios, lo cubrieron ocasionalmente de reproches en la contienda política, hasta el punto de no llegar a triunfar electoralmente, como se merecía. Claro que es el precio que se ha de pagar en la lid democrática. Gente buena se ha quedado también en el camino: Tierno Galván fundador del PSP, Joaquín Ruiz-Jiménez, fundador de Izquierda Democrática  de corte demócrata-cristiano, entre otros… En cualquier caso, nadie pudo tachar al “Califa rojo” de incoherente, necio, contradictorio, torpe. Sus palabras cultas, comedidas, sin animadversión, siempre dejaban huellas… al menos en este inquieto y limitado observador de los valores humanos del que fuera dirigente de IU.
Julio Anguita, digno en su rebeldía con causa, hoy yace vivo en el unánime  reconocimiento de la ciudadanía  y no menos en el respeto de la clase política, en general. Como maestro y político vocacionado, supo, finalmente, estar a la altura ascética de la bohonomía integral. Lo demostró en la ocasión más dolorosa de su vida, cuando, momentos antes de dar una conferencia en Madrid,  recibió la noticia de la muerte de su hijo periodista que cubría la guerra de Irak.  En referencia a su hijo manifestó muy emocionado: “Ha cumplido con su deber y yo por tanto voy a dirigirles la palabra para cumplir con el mío... Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”.

domingo, 10 de mayo de 2020

HOJA DE RUTA



Seguimos asistiendo a una inundación informativa, auténtica “verbodemia” (permítaseme este “neologismo de uso privado”) usada  no sólo por el Gobierno de turno, sino también por cadenas de TV en busca de clientelismo, y los mismos WhatsApp. Informaciones que  han sembrado en numerosas ocasiones más sospechas que evidencias, con hartura de confinamiento que llega a la verdad del cansancio y hasta desesperanza.
 La pandemia del coronavirus sigue sembrando muertes, contagios, y un oleaje de dolor en todos los sentidos. Pues al propio tiempo, el covib-19  continúa descubriéndonos nuestra propia vulnerabilidad. Nos vemos desnudos ante la más estricta incertidumbre, propiciando la certeza de  nuestra impotencia. Y más ahora que, cuando vemos “la curva” disminuir, llegan atisbos de claudicación creando más vulnerabilidad… Sin embargo, la experiencia de nuestra propia vulnerabilidad sigue predicando  la oportunidad de reconciliarnos en profundidad con nosotros mismos, y comunitariamente.
Cuanto más  vulnerables en comunión nos reconocemos, tanto  mayor es  nuestra fortaleza. Y el miedo “común” que nos ha engendrado la pandemia  nos tiene que hacer ver dónde podemos poner nuestra confianza,  dónde  encontrar la fuente de nuestra seguridad.
Tal vez, la experiencia de confinamiento global que estamos viviendo, sea una oportunidad para experimentar el profundo convencimiento de Pablo de Tarso: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp. 4, 13), pues no somos tan “dueños” del mundo, tal como nos parecía antes del virus mortal.
Se ha creado entre todos una situación planetaria extremadamente cruel... Como el apóstol, vamos a necesitar cada vez más a Jesús, aunque en algún momento parezca dormitar sobre el cabezal de la barca en el Tiberiades de nuestra pandemia... El Crucificado vuelto a la Vida nos hace creíble a un Dios Padre fundamento de nuestra esperanza frente a toda desesperanza. Él nos ofrece una hoja de ruta, que con inmensa claridad y precisión Juan el Zebedeo  recoge en su evangelio: “No se turbe vuestro corazón…” (Jn.14, 1-12)




Camino, y verdad, y vida, trilogía
de un destino prometido.
En ti, Jesús,
resplandece el Dios accesible,
a pesar de su silencio tantas veces irritante.

Tú eres, Maestro, nuestra hoja de ruta
para arribar, sin ilusiones vanas,
a la morada del Padre.

Camino que no se degrada con el tiempo.
Verdad que despeja las dudas del peregrino.
Vida que repone nuestras esperanzas.

En tu camino, se abren horizontes nuevos.
Transforma, Señor, nuestros baches del alma
en pistas de danza.

En tu verdad, desaparecen dudas y miedos.
Transforma, Señor, en armonía
las discordias de nuestra mente.

En tu vida, se abre la comunión con el Padre.
Transforma, Señor, nuestras ventiscas
en encantos de la calma.

Y colmarás nuestra sed de eternidad.

domingo, 26 de abril de 2020

ATARDECE


Es tiempo cruel de pandemia. Somos conscientes de que vamos de camino por senderos oscuros, llenos de amargura, ¿a dónde?  ¿En que parará todo esto?

Recuerdo la poesía de Antonio Machado:

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-la tarde cayendo está-.

Metáfora vital, que abre a la alegría de esperar… También el camino de Emaús, más allá de la metáfora, es el símbolo de nuestro camino de fe. En los discípulos se había apoderado la amargura de la ausencia del Maestro crucificado. ¿Habrá sido todo una quimera lo vivida desde Galilea a Jerusalén? Estaban abatidos…
Las claves del sentido de nuestra vida cristiana están en este gran pasaje de Lucas. Prodigio de teología narrativa y de pedagogía vital. La Palabra se entrecruza con la Vida, y la Luz nace en el interior. Dos realidades que están a la mano en nuestra cotidianidad: la Vida y la Palabra;
Eso que parece oscuro, desde el Covib-19 planetario, al fondo del túnel de la desesperanza, se ilumina hoy en Emaús, y hace que nuestro corazón arda al calor del encuentro con el Resucitado.
Cleofás y su compañero de camino se alejaban de Jerusalén tristes y decepcionados, sus corazones habían acumulado mucho destrozo,  hasta que la comida comunitaria, con la “fracción del Pan”,  les descubre el optimismo y la ilusión, nuevamente, que los lleva a volver a Jerusalén a anunciar a sus hermanos su gozo pascual.
Hoy, que empiezan a salir los niños a los parques, tras la experiencia del dolor y la muerte, resucita nuestra esperanza en un futuro mejor… La utopía egoísta que hemos vivido años tras años está pasando por una cruz global. Pero en el horizonte de nuestros caminos hay indicios de resurrección. El resucitado camina a nuestro lado. Nos invita hoy a desahogarnos en su compañía, pensando sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y, más que nunca, nos invita a esperar, a pesar de ser “tardos de corazón”…

 
Quédate con nosotros porque atardece…
(Lc. 24, 13-35)


Se nos hace ya tarde. Y anochece en nuestro Emaús.
¡Noche fatigosa la de nuestra fe, Señor!
El escándalo de tu cruz
ha trastocado nuestras ilusiones
y el desencanto se apodera de nuestras esperanzas.

Nuestros pies no soportan la larga caminata de la vida,
nuestras dudas y temores se hacen eternos.
Solos, no somos más que torpes discípulos de un crucificado.
Y no alcanzamos a entender el valor revolucionario
de tu testimonio.
De ahí, nuestras inquietudes y amargas desilusiones.

Sí, hemos tomado el camino equivocado
al atrincherarnos en el aislamiento de nuestros rezos,
en el abandono de la comunidad,
en la huida de toda búsqueda, en el olvido de tu palabra.
¡Qué torpeza la nuestra!

Gracias que en Emaús, Señor,
nos has despejado el camino…

Cuando se haga tarde y anochezca en nuestro corazón,
la escucha comunitaria de tu palabra
y el amor compartido en la fracción del pan
realizarán la experiencia de tu encuentro resucitador.
Entonces se abrirán nuestros ojos para reconocerte.

jueves, 23 de abril de 2020

HOMENAJES


A  JOAN MARGARIT, poeta laureado en tantas ocasiones, que vuelve hoy a ser encumbrado con el Premio Cervantes. La maldita pandemia le impide recibir el prestigioso galardón con los honores merecidos. Hoy, en el Día Internacional del Libro, modestamente, quiero hacer honor a este leridano que ha llenado tantas horas de mis tardes de ocio, con uno de sus poemas más inolvidable. Con razón se ha dicho de él que es de esos hombres únicos que tiene más poder en las yemas de los dedos que en los puños. Poder social, poder cultural, poder sentimental…

No tires las cartas de amor
No tires las cartas de amor
Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

Al CENTRO CULTURAL y a LA BIBLIOTECA MUNICIPAL, que llevan muchos años siendo referentes insustituibles de la cultura de nuestro pueblo, Huétor Santillán. Vaya mi pequeño homenaje, desde el Sant Jordi maño, con un texto tomado de El Quijote, tan propio de hoy, dada la mortal pandemia, que nos circunda… pero con la “esperanza” del hidalgo caballero que dice:
"Sábete Sancho,…  que todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca".
(Don Quijote de la Mancha, primera parte, cap. XVIII)




sábado, 18 de abril de 2020

EN MEDIO



Hoy, como en los primeros siglos, hemos de considerarnos un discipulado de referencia, dada la característica de la vida de los primeros cristianos,  según cuenta Tertuliano (converso teólogo de la segunda mitad del siglo II))  en su Apología contra los gentiles.   Allí leemos que los paganos, admirados de la fraternidad vivida entre los seguidores de Jesús, se decían unos a otros: “Mirad cómo se aman”. Y él mismo se reivindica testimonialmente escribiendo que “los cristianos no nacen, se hacen (Cap. XVIII)”…
Hoy nos encontramos en un momento de cambio de época, por “orden” de la pandemia que vivimos, dramático escenario actual, que ya predica negativas  consecuencias económicas y sociales. Audacia evangélica se nos pide en nuestra navegación de cada día. Nuestra esperanza es Él, dispuesto a meterse en nuestra vida con la señal de los clavos al aire pascual. El silencio de la “piedra corrida” ha dado paso a la Vida. 
Hoy, como Tomás, nos damos cuenta de que la fe pasa por momentos de oscuridad. Pero, ciertamente, es el momento para proclamar que el Maestro está vivo. Nuestra fe en su resurrección nos hace ser referencia del optimismo cristiano. Portamos, aunque débilmente, el derecho a la esperanza. 



Llegó Jesús, estando cerradas las puertas,
se puso en medio…
(Jn. 20, 19-31)

En medio del ancho hostil,
nosotros aterrados, a causa del hambre, del paro,
del sida, de la droga,
de los odios fratricidas, que ejecutan a hermanos,
sentimos un inmenso vacío sin ti.
Y somos puertas cerradas,
por miedo a complicarnos la vida.

Somos seres errantes, timoratos,
incrédulos a pesar de nuestros rezos,
tras siglos y siglos sin darnos cuenta
de tu maravilloso proyecto de humanidad nueva.

Plántate en medio, Señor,
muéstranos de nuevo tus llagas,
las tuyas,
y las de nuestros hermanos, los crucificados contigo
a través toda la historia…
A ver si, por fin, te reconocemos,
en tu aventura salvadora.

Tú, Jesús, no eres un recuerdo del pasado,
ni tu presencia es un tú en mi yo,
separado del nosotros.
Sí, visto lo de Tomás,
palpamos que no hay experiencia pascual,
si no te muestras en medio de nuestra comunidad.

Necesitamos (¡somos humanos!)
hurgar tus heridas drenadas y victoriosas,
para sentir la plenitud de vida nueva,
resucitada,
que emana paz, alegría, confianza.
Para gozar el destierro de todos los miedos,
de todas las tristezas, de todos los agobios…

Que tu Espíritu sople sobre nosotros,
reunidos en Iglesia,
para que la fuerza de su vendaval
abra nuestras puertas y
nos haga gritar a los cuatro vientos
con rigor profético:
¡Señor mío y Dios mío!

domingo, 12 de abril de 2020

AROMAS



"Confinado" en el sepulcro, ha triunfado sobre la muerte para vencer definitivamente el frenético ritmo del egoísmo humano. Testigos, las mujeres, y Pedro, y Juan... y hoy nosotros, la gran familia de la esperanza cristiana. Portamos los aromas en vasijas de barro, ¡que no se nos rompan por el camino!... 

… compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.
(Mc.16, 1-8)
Mujeres de la madrugada,
cargadas de muerte y miedo,
de amargura de ausencia,
y de aromas…
 No os asustéis, el alba
ha corrido la piedra.
Él ya no está aquí. Ha resucitado.

Lo veréis entre los hermanos,
en la boca del hambriento,
en los pies del perseguido,
en las rejas del encarcelado.

Él está en las lágrimas del huérfano,
en el dolor del enfermo,
en la patera del emigrante.

Lo veréis en el frío de los sin techo,
en la sangre inocente de las guerras,
en la encrucijada de todas las cruces…

Mujeres de la madrugada,
id y esparcid los aromas
entre los Cristos del alba.