domingo, 28 de junio de 2015

TALITHA QUMI

Contigo hablo, niña, levántate.
(Mc. 5, 21-43)


Señor,
Tú cruzas de una a otra orilla,
del Genesaret a nuestras vidas,
para destruir los tridentes de la muerte.
Eres promesa de aurora
en nuestra sociedad acorralada por la impotencia,
la desesperación,
el desánimo,  el fatalismo…

Como Jairo, salimos a tu encuentro,
dejando atrás viejas aljamas,
para afrontar la aventura de la fe,
por más que nos apretujan los miedos,
los falsos prejuicios, las palabras engañosas…

El coro de los lamentos y los mirones
conjuran tu acción salvadora.
Sólo el silencio, tu silencio de amor,
es el rito de tu señorío que troncha la muerte,
y da la vida.

¡Talitha qumi!...
Y en tu nombre echaremos a andar.
No hay excusas. Nos has cogido de la mano,
para hacernos vida en medio de espesuras injustas.

No hay excusas
para buscarte en cualquier orilla,
y mirarte, y tocarte…
Pues en Ti creemos y en Ti vivimos.

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