jueves, 2 de abril de 2026

LA SOLEDAD DE MARÍA

 

         

En tu soledad, Madre,
he aprendido a mirar,
¡he aprendido a amar!…
 
Tal vez,
porque en tu soledad eres el lienzo
donde has enjugado las penas
de tanta humanidad sufriente.
 
Tal vez, porque en tu soledad eres
también el hogar
donde ha hallado abrigo la multitud
sedienta de Dios.

Sí,  Madre. Tu soledad
es el refugio
donde han llorado sus tristezas
tus hijos de padre maltratador.
 
Tu soledad…
esa que sufren tantos niños
en el desafiante
umbral infinito de la pobreza.
 
Tu soledad,
espejo de la soledad de Noelia
eutanasiada en nuestra sociedad maltrecha.
 
Espejo también de Shilman, la madre
que vio morir a su hijo en Gaza..
Y  esa otra madre derrotada,
atrapada en su cáncer desgarrador.
 
Soledad de Adamuz
entre el amasijo infame de hierros.
Y la soledad anónima, inmolada,
de tantas madres…
 
Tu soledad, Madre, 
¡oh misterio!, 
es testigo de la brutalidad ensañada
en tu Hijo crucificado.
            … ¡Y Tú siempre al pie de su  cruz!
 
Procesionada hoy sobre nuestros asfaltos,
Señora de la Soledad,
Tú eres la firmeza de nuestra fe.
Esperanza del Cristo mundial
resucitado, definitivamente.


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