martes, 13 de enero de 2026

EL BELÉN DE MANOLÍN

 

Tras la festividad de los Reyes  Magos, la  Navidad en nuestro pueblo, en lo que se refiere a belenes,  es ya un poco  historia.  Ha comenzado el desmantelamiento de los belenes, a  guardar con sumo cuidado las figuritas, el portalico, los molinos, los pastores, las ovejitas...  en las cajas de los buenos recuerdos,  pensando en el próximo año.  Y uno de esos  belenes, no sé si alguno más en el pueblo,   nos ha dicho adiós sin demasiada publicidad.  Es el caso del belén de Manolo Hita, Manolín como le llamamos cariñosamente. 

Expuesto en el salón de su casa, no hemos tenido ocasión de disfrutar de  su belén, muy original e inmensamente artístico, como han tenido la suerte de disfrutarlo sus hijos y sus nietos.  Involuntariamente, ha pasado desapercibido para los vecinos. ¡Qué pena!   

Ya guardado, su silencio clama, con todo derecho,  a ser exhibido en diciembre próximo para que,  cundiendo  el ejemplo, mantengamos en  Huétor Santillán su gran tradición belenista.    

He aquí dos  imágenes  del belén de Manolín,  que han cantado en los pasados días navideños,  la belleza del misterio de Belén con gran sentido  estético e histórico.



 

sábado, 3 de enero de 2026

BELENES EN HUÉTOR SANTILLÁN

 


                            ( Pablo de Acacio)                                                            (Pablo de Acacio)) 

  •                                           (Luis de la Posailla)                                                    Luis de la Posailla)
    •                                                

            (Luis de la Posailla)

    He tenido la feliz ocasión de visitar los respectivos belenes de Luís de la Posaílla y Pablo de Acacio.  He gozado mucho, y mis nietos han gozado inmensamente más. Cada  rincón de esa magia navideña habla de habilidad manual, de artesanía, de artística composición escénica con su estructura de arcilla, piedra, madera, vegetación, iluminación… Ahí,  la destreza y sensibilidad predican horas y horas de mucha dedicación.  Su nivel de “realismo” hace que las figuras cobren vida en ese escenario que nos transporta cumplidamente al misterio.  

     En medio de nuestro vivir diario, a veces tan tedioso,  es un privilegio contar con artistas, maestros del belenismo, capaces de  mantener viva una tradición que es, ante todo,  inspiración, espiritualidad, poesía, en definitiva, luz. Han sabido elevar sus belenes a la categoría de arte y patrimonio cultural hueteño.  Hoy, es obligado recordar la tradición belenista de Raimundo y Tino y de  nuestra iglesia parroquial. Este año “nos han castigado”  sin el manjar de su arte navideño. ¡Qué pena!

    Toda la magia pascual que se percibe en cada belén, se transmite en ese gesto de admiración de mis nietos, Hugo y Leo, que escudriñaban  sorprendidos, palmo a palmo, todo el recorrido belenista. ¡Pura catequesis sobre este Niño-Dios que viene a salvarnos!... Si supiéramos detenernos en silencio ante este Niño, de noble barro cocido, entenderíamos la ternura de Dios. Y quizá yo mismo entendería por qué el corazón de unos niños, en este caso de mis nietos,  latían, transidos de asombro, sorpresa y gozo ante  un montaje de caminos y riachuelos, de pastores y ovejas, de  reyes magos y estrellas,  de ratoncillo y búho,  de paisajes conocidos como el cerro de la Cruz, la Posailla, la Plaza del pueblo y  un portalico con el buey, la mula y el Niño recostado en el pesebre entre María y José. ¡Todo un mundo de alegría proclamado en miniatura!

    Ciertamente, hay una alegría que solo la pueden disfrutar quienes se abren, como niños, a la cercanía de Dios y se dejan atraer por su ternura. Los belenes  reflejan ese misterio que da origen a nuestro regocijo. Son un espejo que muestra  que la Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira estos días en las calles. Ante los belenes,  mis nietos han gozado, no de un hecho que ya pasó, sino de “algo que sigue pasando”. Avivan el rescoldo de las ilusiones que, al paso de los días, no debe irse apagando. 

    ¡Feliz Año Nuevo! …Y que venga cargado de 2026  utopías de las que podamos hacer acopio para gozar de mucha paz y mucha alegría.

     

     

    miércoles, 31 de diciembre de 2025

    NAVIDAD, FARÁNDULA O FANFARRIA


    Jesús es la razón de la Navidad y en Navidad  lo humano y lo divino se encarnan  en una familia humilde, María y José que han de recorrer, ella embarazada,  más de cien kilómetros,  de Nazaret a Belén, para cumplir con el edicto de Cesar Augusto que obligaba a empadronarse en el lugar de origen. Cuando el carpintero de Nazaret y su esposa llegan a Belén, deben pasar algunos días en una casa abandonada, donde descansan los animales, porque, según el evangelista Mateo, “no había sitio para ellos en la posada. Allí la madre dio a luz a su hijo que  lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”… Han pasado siglos.  Y cada año se renueva aquella Buena Noticia que habla de pastores, magos, ángeles…   

    Mirándonos en el espejo confuso de nuestra sociedad con sus farándulas y fanfarrias, podríamos preguntarnos si aún es posible  reconocer  la Verdad del mensaje navideño. Y más,  por encima del ritmo frenético que subyace en el epicentro del mundo televisivo  y de las grandes superficies comerciales, con sus felicitaciones estereotipadas. Una vez más,  la Navidad  nos  sigue forzando  a tomar  conciencia de un mundo de desigualdad, opresión e injusticia frente a ese Niño recién nacido, festejado por pastores…

    Ese mensaje de Buena Nueva  que nos congrega en una misma mesa, no puede separarse del pan debido en justicia al pobre e indigente. No tiene sentido, es una osadía de nuestra fe, quedarnos en un recuerdo romántico, embellecido con pesebres, musgos, pastores, guirnaldas… La Navidad no es ese  ambiente superficial y manipulado que se respira estos días en nuestras calles, que  hasta nos aturde.  Y sí, la alegría navideña  es la que se disfruta desde la cercanía del Niño-Dios, dejándonos inyectar  de  su ternura y su compromiso de  liberación. Esto es entender la Navidad.  ¡Qué gran Navidad,  la de miles de cristianos felizmente atrapados en la donación de sí mismos,  luchando contra  la horrenda “crisis de principios”  que, en todos los niveles, domina nuestra sociedad!  Triste Navidad, por otro lado, la de cristianos perseguidos por su fe o la de pueblos víctimas de las armas a causa de la soberbia de sus gobernantes.

    La parábola de  Anthony de Mello nos viene a pelo: "Viendo a una niña marginada, aterida y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente, me encolericé y le dije a Dios: ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo? En pleno silencio, esa noche, Él me respondió: Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti'"...  He aquí la clave de la Navidad. El silencio de Dios ante el grito de toda víctima humana  es un llamado a que le dejemos actuar a través de nosotros mismos. De lo contrario, nos hacemos verdugos de nuestras propias contradicciones…

    Y vuelvo a mirar hacia el portal de Belén.  Nace un Niño, hecho de estirpe humana y divina.  En él se ilumina la noche. En él, “la justicia y la paz se besan”. En él, la Navidad de hoy  está más allá de toda circunstancia de tiempo y espacio. ¡Está en nosotros!  Belén  es el símbolo sensible -¿mítico?-, que sólo dentro de cada uno de  nuestros corazones se hace  realidad  la de un Dios identificado con la humanidad.        

    Si en  Belén  ha nacido un salvador, un liberador, en ningún corazón puede  nacer un opresor o, al menos,  un desmemoriado de los  hermanos hundidos en la pobreza. No es justo  mirar para afuera pasmados ante las  lucecitas, los celofanes, las zambombas… ¡Si no quiero sufrir el riesgo de perderme la verdad de una sonrisa escondida en el pesebre! ¡Suerte la de los pobres de ayer y hoy, los marginados, los privados de libertad y  los despojados por los poderosos! Ellos, sí, gozarán de las sonrisas del Niño recostado en el pesebre de la historia, al calor de la mula y el buey y de los pastores indigentes.

    Mientras los magos,  abandonados al albur de la “estrella”, cabalgan hacia el portal con la convicción de que el Niño  será la promesa de salvación, entremos en nuestro silencio interior y sintámonos afortunados, descubriendo que la Navidad  no es farándula ni fanfarria, sino la Buena Nueva de sentir que lo imposible es todavía posible, como la paz, la justicia, el amor...


    jueves, 11 de diciembre de 2025

    LA MUERTE, PARTE DE LA VIDA

     

        

    La muerte crea una brecha traumática en nuestra vida,  y más cuando se presenta inesperadamente. Hace unos días, el accidente mortal  sufrido por  Javi y Ventura, entrañables jóvenes hueteños, ha producido enorme conmoción en nuestro pueblo.  La cercanía de  sus  trágicos fallecimientos  actuó como una revelación del destino. Un destino que nos ha jugado su trampa, como si el hombre necesariamente  estuviera sometido a  una absurda existencia en brazos de la muerte. Bien es cierto que, siguiendo a Rilke, “estamos continuamente imbricados en la polaridad del morir y el nacer”. Pero la presencia de la muerte no tiene carta de residencia sobre la evidencia  anhelante de la vida. Si nos acercamos al libro sagrado de los Salmos, escuchamos al salmista decir “No me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción”… Y es que la fe impone la convicción de una VIDA tras la muerte. Dios no creó la muerte. Tras el imperio del mal, Jesús de Nazaret venció la muerte con su resurrección. Nuestra visión de la muerte, pues,  constituye el criterio de nuestra esperanza, una barrera “franqueable” que afecta a lo más intimo de nuestro ser. ¡La sed  de Vivir!

    Sin embargo, la muerte repentina,  tras el accidente mortal del pasado domingo,  ha abierto una puerta a la desesperación. Como mínimo, ha sido un derecho a llorar desconsoladamente.  Una legión de jóvenes anclados en el dolor, junto al recorrido fúnebre, ha manifestado,  a corazón abierto, su turbada impotencia,  sin concesiones a la superficialidad.  Es la cara terrible de la realidad humana vista desde  la perplejidad siniestra, mas, sin duda también,  desde  la solidaridad empática… y, cómo no,  desde la oración confiada. La inmensa multitud en torno a la Eucaristía del domingo  no arrió la bandera de nuestra creencia trascendente. Las cálidas palabras de nuestro párroco en la celebración  funeraria, testimoniaron la fe que  desafía al mundo.  Los cristianos tenemos razones más que suficientes para entender  que la muerte  “no es el final del camino, que aunque morimos no somos carne de un ciego destino”,  como cantamos en nuestras liturgias.  El Evangelio es la fuerza contra toda fatalidad luctuosa. Dios no  permanece confinado detrás del accidente mortal y del sufrimiento humano que conlleva. La muerte solo es parte de la vida.

    Ventura y Javi, dos jóvenes alegres, generosos, deportistas, han sido dos  luces brillantes que se apagaron  demasiado pronto.  Pero nos han dejado el gran legado de su juventud  en el cariño filial y en la amistad  compartida.  El vacío inmenso que dejan en sus padres, hermanos y amigos, tributan consuelo y esperanza. Así  lo hemos leído en ese  aluvión ejemplar de empatía bañada en lágrimas, durante la procesión funeraria. Como las lágrimas de Jesús de Nazareth ante la muerte de su amigo Lázaro de Betania, que narra el evangelista san Juan. Su vida nos ha mostrado que Dios no está confinado en “su cielo”, como eclipsado ante los acontecimientos  del dolor humano. El silencio de Dios se rompe en Él, en Jesús de Nazareth, cuando  el acto de su cruz no tuvo final con la muerte… Así, la vida de nuestros amigos, truncada por un accidente mortal, es  un acto de fidelidad  póstuma a la grandeza de la juventud amiga... Es de subrayar también el gesto noble de nuestras autoridades municipales, suprimiendo los actos festivos  programados por el Ayuntamiento para estas Navidades.

    La  resurrección de Jesús es la gran Novedad: “el que cree en mi, dijo, aunque haya muerto vivirá”, según el evangelio del apóstol Juan.  La esperanza, cierto, no es nuestro exilio,  aunque nos golpee la muerte en su más trágica expresión. Como cristianos no esquivamos esa “certeza”, confiando en las palabras del apóstol Pablo en su primera carta a los corintios: “el último enemigo que será destruido es la muerte”.

    Mary Lourdes y Salvador,  Encarni y Norberto  y demás familia, ¡mucho ánimo a pesar de vuestros corazones rotos, destrozados!  No hay palabras con qué expresar el dolor que nos une a todos… Desde la fe, sin embargo, confesamos  la ilusión y la esperanza de reencontrarnos todos con vuestros “niños del alma”, cuando llegue nuestra hora, porque la muerte tan sólo es parte de la vida…

    Hasta pronto, Ventura y Javi.


    viernes, 7 de noviembre de 2025

    JOSÉ ALBALADEJO, NOMBRAMIENTO AGRADECIDO

     


    Gran parte de la humanidad  padece el cáncer del desencanto  y la desesperanza. De ahí que haya veces que a la gente buena le asalte la tentación de dudar si aun habrá  razones para vivir en la alegría. Tentación que nos salpica también a la gente de Iglesia.  Las noticias en su seno parecen “cotizar a la baja”: notable depreciación del hecho religioso y una cierta  infravaloración del compromiso personal… ¡Según encuestas! 

    El panorama, ciertamente,  parece evidenciar una constante   preocupación en el seno de nuestras comunidades cristianas. Hay datos que reflejan un descenso en la mayoría de los indicadores que miden su vitalidad. Con todo, hemos de constatar  el “fuste feliz” de muchos colectivos  de Iglesia, bien lejos de ser  puras estaciones de servicio sacramental. Y, tal vez debido, de manera especial, a la asunción al papado de Francisco que, a lo largo de sus doce años de pontificado ha recreado el “aire fresco” iniciado por el bendito Juan XXIII, y que hoy León XIV trata de seguir “inyectando”.

    A pesar de ese mal que dibuja anquilosamiento o involución, hay, pues, razones poderosas para creer que, por muchos errores humanos que ensombrezcan la vida cristiana, no conseguirán nunca  eclipsar el carácter inalienable de lucha y paz, que nos configura con Cristo. En este contexto de luces y sombras -¡horizonte de esperanza!-, no puede pasar desapercibido el nombramiento de un nuevo párroco para nuestras comunidades cristianas de  Huétor Santillán y Beas de Granada. Así es. Septiembre nos ha traído esa novedad de cambio pastoral. El nombramiento del  nuevo párroco José Albaladejo  Hernández, el cura Pepe, ha sido un regalo de nuestro arzobispo, don José María, que  agradecemos mucho.

    El cura Pepe durante   trece años de ministerio sacerdotal ha ejercido como párroco de la Iglesia Mayor de la Encarnación de Motril, como capellán del Hospital Santa Ana y como consiliario de las  Hermandades  Cofrades: todo un bagaje  que encierra profunda admiración por su trayectoria pastoral y humana. Testimonio de vida que permanecerá arraigado en el pueblo tropical. “Imposible de olvidar”, dicen sus gentes.  De ahí que su despedida de Motril, haya estado tan cargada de ternura y sentimientos  evangélicos. Nos recuerda la despedida del  apóstol Pablo de su comunidad en Mileto Sus fieles le acompañaron hasta el barco entre  lágrimas por la  separación (cf. Hech 20, 36-38).  Del mismo modo, los feligreses motrileños han manifestado profunda pena ante la marcha de su pastor.  

    La desazón de un pueblo inmensamente empatizado con “su cura” es esencialmente  lo que hemos apreciado en una parte muy representativa de la comunidad motrileña que se desplazó a nuestro pueblo para testimoniar  el cariño que “ha dejado atrás” este hombre de sonrisa fácil, mirada noble, de buen corazón y genuina sencillez... No sólo lo dicen los motrileños, nosotros ya lo constatamos en el poco tiempo que lleva en nuestra parroquia.

    Pepe,  que acaba de  inaugurar una nueva etapa  pastoral a nuestro lado, ya sabe que somos su “nueva familia”, dispuesta a colaborar en la misión de seguir haciendo presente el Reino de Dios en Huétor  y Beas. Seguro que su ministerio entre nosotros será  fructífero, alegre y lleno de bendiciones. Él ha sido una figura señera, cordial,  jugando un gran papel  histórico y profético en la costa granadina, y no va a ser menos en nuestras tierras serranas. Es un honor y una alegría darle la bienvenida  como el nuevo pastor de nuestras parroquias. Su llegada trae consigo la esperanza de escribir un nuevo capítulo de vida  sacerdotal como nueva opción evangélica. 

    Motril nos ha pasado el testigo (¡y qué “testigo”!). El cura Pepe ya lleva días estrenando parroquia a nuestro lado y ha dado señales inequívocas de querer encarnarse gozosamente en nuestra piel serrana…  El cáncer del desencanto  y la desesperanza que salpica a una gran parte de la humanidad, seguro que no nos salpicará a tu lado, querido amigo… ¡Ah, y mil gracias, cura Pepe!

    domingo, 2 de noviembre de 2025

    DIA DE ESPERANZA


                    En este día 
                                                    de la Conmemoración de  los Fieles Difuntos, 
                                             los cementerios están cargados de ternura,
                                                 honrando a todos los que nos han precedido en la vida. 
                                     La oración por los difuntos pertenece a la tradición cristiana más antigua.
                                     Es natural,  pues,  que, al día siguiente de la festividad de Todos los Santos, 
                                    nuestro corazón se dirija a   nuestros hermanos y hermanas 
                                    que murieron con la esperanza de la resurrección. 
                                                             ¡Feliz día de la esperanza cristiana! 


    miércoles, 16 de julio de 2025

    A NOSA SEÑORA DO CARME

     


    A devoción á Nosa Señora do Carme esténdese por todo o noso territorio diocesano. A nosa diocese, Mondoñedo-Ferrol,  é "mariñeira" por boa parte do seu litoral, onde se inclúe,  de maneira especial, CARIÑO. Pois ben, como desexa o noso bispo, don Fernando: "Que María, a Nai do Señor, sexa sempre  faro na noite, estrela que guíe os navegantes, consolo na soidade e forza nas dificultades".  Apertas para todos dende Granada, e FELICES FESTAS!