jueves, 22 de septiembre de 2011

BELLO ATARDECER


              

                                                                     A Pepita,
                                                                    compañera en mi esperanza.


Y cuando la enfermedad haga presa en mi cuerpo,
en mi alma,
y mis fuerzas mermadas penen la lucha cruel
contra la esperanza,
y cuando los amores me rodeen salpicados
de dignidad, en la pasarela de las lágrimas,
y unos labios amigos pronuncien su evangelio
de consuelo, 
entonces, mi dolor insolvente tendrá precio.

Sí, entonces,
el final de mi vida será un silo de gozo
solemne,
y comprenderé, mi amor, que me  llames poeta,
aunque en mi carrera no haya sido más que el verso
inconcluso de mis mares y de tus arenas.

Entonces, hundiré mi espera en el prometido
océano
de bonanzas compartidas, dulce esposa mía.
Y entenderé, cosido a mis arcanos suspiros,
que ser hombre es caminar despierto siendo joven,
y siendo viejo, 
caminar y caminar, aunque sea dormido…

Entonces, y sólo entonces, ¡victoria!,
resplandecerá un bello atardecer,
en el ruin retrovisor de mi historia.

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