lunes, 16 de julio de 2012

EUTANASIA JUVENIL

Anoche mi mamá y yo estábamos sentados en la sala hablando de las muchas cosas de la vida…  Entre otras,  hablamos del tema de vivir/morir. 

Le dije: 'Mamá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado,  desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. ¡Prefiero morir!

Entonces, mi mamá se levantó con una cara de admiración... Y me  desenchufó el televisor, el DVD, el cable, Internet, el PC , el mp3/4,  la Play-2 , la PSP, la WII, el teléfono fijo, me quitó el móvil, la  ipod, el Blackberry y me tiró todas las cervezas...
¡¡La madre que la parió!!... ¡¡¡¡CASI ME MUERO!!!!

sábado, 14 de julio de 2012

EL ENVÍO

Llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos…
(Mc. 6, 7-13)




Discípulos del Galileo,
ante un ambiente hostil,
os envía el Maestro, de dos en dos,
al radicalismo itinerante y dinámico
de la austeridad,
de la libertad,
de la fraternidad,
con proyecto de aliviar las cruces del aulagar humano.

Y allá vais...  Tan sólo portáis una tarjeta de garantía,
no atrincherada en el comodidad,  en las modas y aplausos
ni en los ritos fosilizados que no informan la vida.
Portáis su Palabra. Y eso basta.

Camináis con autoridad.
Con esa autoridad que sólo se cotiza al alza
lejos de las estructuras complejas del templo,
sin más provisión de ruta que esa convicción nazarena
que levanta ilusiones
y fustiga el aburguesamiento.

Vais libres para servir al pueblo.
Libres. Sin el arsenal de la arrogancia
que crean los dineros,
o los poderes
o las complacencias.

Únicamente, 
proyecto de humanizar nuestro suelo,
proyecto de dulcificar todo sufrimiento,
proyecto de luchar contra los creyentes
de la seguridad de sí mismos,
de su propia instalación,
del miedo al qué dirán...

Galileos,
de dos en dos 
en desapego, en sobriedad, en hospitalidad…
Moldead así  mi corazón para unirme a vosotros
y recorrer juntos caminos de Buena Nueva,
empapados de luz y de gozo.

sábado, 7 de julio de 2012

EN TU TIERRA

No desprecian a un profeta más que en su tierra…
(Mc. 6, 1-6)



¡Sorpresa la tuya,  Señor!
Sin duda, esperabas la cálida acogida
de tus vecinos, devotos del sábado,
que oxigenara su fe judía,
pero embarrancaste en la ceguera nazaretana,
como precio de tu libertad.
Y te extrañó su falta de fe.

Hoy,  tras siglos a bordo de la nueva sinagoga,
se ha creado mucha costra en su derredor
impidiendo gozar de tu sabiduría,
de tu palabra sanadora…
y descubrirte en tu verdad,
reiteradamente incomprendido.

¡Nueva sorpresa la tuya, Señor!
Ves que nuestra fe cansada
dormita sobre el tajamar de  las excusas.

En ese rechazo de tus paisanos,
los de ayer y  los de hoy,
se cosechan ataduras que oprimen la autenticidad,
que destruyen opciones y arrestos necesarios
para la crecida de tu Buena Nueva.

Pero Tú sigues sin arredrarte,
sorprendentemente audaz,
recorriendo nuestros laberintos,
reactivando en nosotros ascuas de vida nueva.

Sorpréndenos, pues, definitivamente, Señor,
como sacramento de tu humana piel,
que estamos preparados para cambiar viejas seguridades
por la transparencia de tu amor
en tu nueva Galilea.
                                    ¡Y serás profeta en tu tierra!