jueves, 22 de septiembre de 2011

INCURSIÓN

       

Son mis letras
audaz incursión, garabatos,
unos en rebeldía,
otros, surcos de aflicción,
también regueros de gozo.

Aventura otoñal,
la mía,
que grita a la impiedad del rayo,
que llora al dolor anclado,
que sonríe con olor a nardos,
entre los riachos de mis arrugas.

Osada incursión al día
que, minuto a minuto, mira a la paz,
a la vida,
modestamente vagando
por los retales de mi bancal.

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MARÍA

         

                                                                                    A tus dieciséis años
                                                               en  momentos de dolor.

Me ha escrito la lluvia un poema sobre la grama
de tu silencio y la riqueza de tu juventud lozana,

Al acecho de tu mirada verde y azul hecha espada
que blandiera amores celestiales, infinitos…

Resuena en su lectura palpitaciones de oro fino,
encrucijada de gracia turquesa que es sueño divino,

Inmenso candor de mar,  oleaje inmenso de ternura,
señorío de primavera junto al dolor en la cama tuya.

Alto en tu camino, que en tus noches brilla la luz
y en tus días, dice,  no vencen las noches,

¡felizmente!
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BELLO ATARDECER


              

                                                                     A Pepita,
                                                                    compañera en mi esperanza.


Y cuando la enfermedad haga presa en mi cuerpo,
en mi alma,
y mis fuerzas mermadas penen la lucha cruel
contra la esperanza,
y cuando los amores me rodeen salpicados
de dignidad, en la pasarela de las lágrimas,
y unos labios amigos pronuncien su evangelio
de consuelo, 
entonces, mi dolor insolvente tendrá precio.

Sí, entonces,
el final de mi vida será un silo de gozo
solemne,
y comprenderé, mi amor, que me  llames poeta,
aunque en mi carrera no haya sido más que el verso
inconcluso de mis mares y de tus arenas.

Entonces, hundiré mi espera en el prometido
océano
de bonanzas compartidas, dulce esposa mía.
Y entenderé, cosido a mis arcanos suspiros,
que ser hombre es caminar despierto siendo joven,
y siendo viejo, 
caminar y caminar, aunque sea dormido…

Entonces, y sólo entonces, ¡victoria!,
resplandecerá un bello atardecer,
en el ruin retrovisor de mi historia.

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HOJA DEL MAGNOLIO

               

                                A Pepe y Angustias, mis hermanos

Nací en el amor a la vida, destino eterno,
en la espesura de un hermoso magnolio. Yo soy 
una hoja más de su rumoroso verdor tierno.

Hago equilibrio sobre el trapecio de las brisas,  
me desnudo en mis propios sentimientos, orlado
de dudas en medio de magnolias perfumadas,
albas. Y soy lamento en afonía de versos
con métrica heterodoxa, con rimas sumisas.

Mis poemas son regatos de cuna enjaretada
en mi vejez fresca y soñadora, pasional
e ingenua. Y solamente existo en el trovador
de trincheras que huye de las volutas
de incienso prendidas al alma evangelizada.

Provinciano en estado de lucidez,  me siento
liturgo de amores, creyente envuelto en tormentas, 
censor de lo mohíno, a pesar de mis alforjas
llenas de naderías a flor de tierra y viento. 

Me ilusiona cantar la esencia de mi paisaje
y muero por incriminar el fraude ecológico
en el mutis del planeta y muero por matar
la usura de mucha cartera vil y salvaje.

Me rebelo contra el silencio que se hace eterno.
Y glorifico el grito que rescata a los niños
de su hambre y libera al anciano de su abandono
y al marica de su armario y a la prostituta
de su calle y clava al traficante en el averno.

Ejercito lealtades, reniego de la fe
sin lucha y creo en la lógica y el buen humor.
¿Soy un iluso? Tal vez, una hoja del magnolio
que ramea rumoroso en su  tierno verdor.
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ADOPCIÓN

                   A Antonio Arenas, periodista,
amigo del pueblo.


Mi aliento hincó sus raíces temprano 
en tu vital y maciza tracción,
el silencio refrendó mi adopción,
seducido yo en tu enclave serrano.

Tu pudor captó mi ser ciudadano.
Tu mar verde frondoso de ilusión
colmó mi enjundia, brío, mi emoción.
¡A tu lado, Huétor, me siento hermano!

Eres pueblo en lujoso estado casto,
con gracia robaste mi corazón. 
Mi sincera alegría no da abasto.

Nada más claro me da la razón,
pues, cuando junto a tu arado yo pasto,
tu casta sacia mi cordial sazón.
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CANCION DE CUNA

                           
A María Ángeles, activista cultural
desde la Biblioteca Municipal.


 
Huele a la higuera frutal,
y un pardo limón en el bosque luce
cual otoñado evangelio
de amor que murmulla en tu maternal
edén dulce.

Un silencio azul,  ¿o rosa?,
un misterio que se estrena
en sutil encarnación
primorosa,
prendida a tus entrañas de azucena.

Ramean galas de nido
en tu fértil y diáfana bravura,
historias inesperadas,
trascendentes, de tu seno vestido
de canción de cuna.

Fiestas, asombro en la era,
entre palomas y huertas, romero,
tomillo, viñas y olivos; 
y esmero
de aguas rizadas desde primavera.

Tu tipismo y  tu arte hacen
que en tu jardín, por fortuna,
ufana cante la luna.

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El sembrador

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                           EL SEMBRADOR

Salió el sembrador a sembrar.
(Mt. 11, 25-30)


    Jesús, transparencia de Dios,
    has salido de tu casa para sembrar evangelio.
    Desde tu barca pascual,
    fondeada en el lago de tus milagros,
    te has fijado en nosotros.

    Nos has visto en la orilla, de pie, en espera,
    y has querido saciar con tu palabra nuestra hambre de ti.
    Tu semilla, a voleo, ha invadido nuestros campos.
    Has sembrado, rompiendo todo privilegio,
    sobre barbechos y sequedales,
    sobre ortigas y espinos,
    sobre áridos pedregales.
                          También sobre tierra buena…

    Riquezas y egoísmos han ahogado la pequeña semilla de tu reino.
    Vanidades y cobardías han roído la simiente.
    En la dureza de nuestros corazones no ha germinado el grano.

    Pero no se ha desperdiciado toda la sementera.

    Junto a la orilla del lago hemos visto
    un campo florecido entre los surcos
    cargados de penas y angustias,
                       de solidaridad y esfuerzo,
                           de amores y perdones.

    Sólo la tierra buena engulle la simiente
    y, en su hondo silencio, se gestan las espigas.

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