miércoles, 18 de febrero de 2026

ADAMUZ, EL SAMARITANO

 

18 de enero, 7:45 de la tarde. España entera se arrodillaba ante el sufrimiento trágico en medio de una vorágine de sospechas que el tiempo aún hoy va encargándose de dirimir… A pesar de tantos días de dolor pasados,  nuestros dirigentes políticos no cesan de crear bucles. Siguen sus bataholas en línea, más preocupados por  la supervivencia partidista, que por  dimisiones, aun sabiendo que toda  dimisión, lejos de ser un gesto de debilidad, puede convertirse en un acto de grandeza cívica.  Es la política divisiva que viene ocupando espacios mediáticos hasta el hartazgo, sin respeto -¿exagero?- a la sangre y a las lágrimas derramadas sobre la población samaritana de Adamuz.  Éticamente no acabo de entender, ya a un mes de la tragedia, que un fallo técnico estructural de una red ferroviaria “de vanguardia” haya sido -¡sólo eso!-  la causa de 57 muertes y las muchas decenas de heridos.

Es cierto. A un mes de la tragedia se van aclarando los porqués…  Pero persisten los miedos. ¿Qué decir del  “miedo”, manifestado a los medios de comunicación  por los propios maquinistas, cuya vida se la juegan a diario pilotando trenes sobre “dudosas seguridades”?  ¿Y nuestros miedos  como usuarios de la red ferroviaria?  El panorama nos fuerza a preguntarnos,  parafraseando a Hemingway,  ¿por quiénes doblarán mañana  las campanas?  Creo que se ha llegado a perder la  confianza en ADIF. De hecho, se dice que los trenes de alta velocidad van “casi vacios”. No sé. En cualquier caso, el “angelismo político” que pretende descargar su conciencia  sobre “la fatalidad de una soldadura vial”,  ha golpeado profundamente la sensibilidad ciudadana.  Aún a pesar, ciertamente,  de la  sinergia demostrada por decenas de vecinos que se adentraron entre los hierros retorcidos  para sacar a los pasajeros atrapados, enfrentándose a un drama dantesco. Tiendas, panaderías, bares de Adamuz abrieron de madrugada para ofrecer comida, agua, café y mantas  para los supervivientes y los servicios de emergencia.

En el epicentro de la tragedia y aun reconociendo el fuerte impacto espiritual que ha supuesto, incluido el fracaso humano en toda su complejidad,  me niego, como creyente,  a “poner en solfa” el silencio de Dios ante tamaña tragedia.  Porque  junto a  Julio, el joven de  dieciséis años,  que fue  ejemplo de arrojo y generosidad en la atención a los heridos, he sentido a Dios. Y en los bomberos, en el cuerpo sanitario, y en el resto de los buenos samaritanos que corrieron en aquella noche aciaga, he sentido a Dios… En aquella explosión de solidaridad samaritana que Adamuz  ha escrito como una de las mejores páginas de su historia, allí he sentido a Dios.  Lo mejor del ser humano se rubricó  allí, entre el amasijo de los  hierros y la sangre perdida inútilmente. Dios estaba allí… La fe triunfa cuando no se ve nada. O como bien decía el Principito “solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”… Así se entiende que la Iglesia, icono de Dios, se hiciera presencia, bien lejos de toda adscripción política,  acompañando y consolando en el dolor. Como Jesús de Nazaret que, desangrándose en la ignominia de la cruz, promete el reino de Dios al buen ladrón crucificado a su lado. El nazareno en el propio patíbulo promete la Vida. No fue la utopía de un vencido, sino la seguridad de un vencedor.  Bien lo entendió el apóstol Pablo cuando escribió a los filipenses: “mi vivir es Cristo y el morir una ganancia”. No somos seres para la muerte, sino para la Vida. 

Saramago, sin embargo, en sus Diarios y más en su obra “Caín”, incide  en la idea del silencio de Dios ante el sufrimiento humano: “Dios es el gran silencio del universo”. De ahí, su increencia…  Para mí, el silencio de Dios me permite procesar el dolor  no sólo desde la pura emoción, sino desde la solidaridad humana radical. Porque ante la desnudez de la tragedia, sólo nos queda la esperanza que siempre nos transciende en su dimensión de eternidad.  “No somos carne de un ciego destino”,  cantamos en la liturgia cristiana.

Sí, Dios permanece escondido en esa “solidaridad silenciosa” que sanciona el arrojo de tanta gente involucrada en el dolor ajeno.  Me atrevería a afirmar que la ausencia de Dios  es un proceso de purificación donde Él  se vacía en su silencio a favor de la libertad dada al hombre desde la Creación. Y, por supuesto siempre desde la fe, no invalida el misterio envolvente del testimonio demostrado, en medio del amasijo ferroviario, por Adamuz, todo un pueblo samaritano.

 


lunes, 16 de febrero de 2026

MIERCOLES DE CENIZA

 


Nuestro “Pater”, don José,  nos informa que mañana celebramos el  Miércoles de Ceniza. Nos veremos, pues,  en la iglesia para recordar las palabras del evangelista Marcos: “conviértete y cree en el Evangelio”.  En un mundo que absolutiza el éxito y el individualismo,  la ceniza es una provocación profética  contra la "anestesia" del mundo.

El Miércoles de Ceniza es un anuncio de esperanza  contra toda injusticia humana, pensando en millones de hermanos que pasan hambre a causa de un sistema global antihumano. La fe cristiana conlleva hacernos cargo de esa realidad. La triste realidad de observar cómo “la prosperidad de unos pocos ha sido posible gracias al sufrimiento de muchos”…  La ceniza en la frente nos recuerda que somos frágiles, sí, pero llamados a la fraternidad testimonial. ¡Feliz Cuaresma que inauguramos mañana, Miércoles de Ceniza!

 

viernes, 30 de enero de 2026

DESCANSA EN PAZ, PAQUIÑO

 


Querido don Paco, o Paquiño como yo te recordaba siempre desde el Seminario.  Fue por allá del año 1978, que solicité a nuestro obispo don Miguel Araújo poder trasladarme a Lyon para ampliar estudios. Entendió mi petición, y me pidió que le propusiera un sustituto. Por  amistad y por tu labor desarrollada en la parroquia de Celeiro,  le hable de ti. Así, te llegó el nombramiento a los pocos meses. Tu aceptación fue evangélica, como el relato de san Mateo: “Venid conmigo y yo os haré pescadores de hombres". El pueblo te recibió con ese “cariño” de que hace honor su nombre. Y tú te sentiste  muy acogido.

Con el corazón lleno de gratitud y la esperanza puesta en la vida eterna, te despide hoy tras una vida de entrega, sencillez y fe inquebrantable. Sacerdote de  gran humildad y humanidad desbordante. Ahí  entre el mar y sus gentes, encontraste tu verdadero hogar.  Compartiste alegrías y fatigas  con los marineros y sus familias, como con el resto del  pueblo metido en otras labores para ganarse el pan de cada día. Demostraste gran pasión por la pesca que te granjeó la empatía de todos.

En tu procesión funeraria, sentirás más de una lágrima y mucho agradecimiento. Y en el silencio de estas horas, estarás recibiendo ya el abrazo del buen Dios. Descansa, pues, Paquiño querido, en el nuevo “Puerto” al que has arribado cargado de esa buena pesca que consiguieron tus palabras de buen pastor y tantos  sacramentos impartidos durante  los 45 años de ministerio pastoral, también entre Mera y San Adrián.

Rodeado de tus gentes y presidido por don Fernando, una joya de obispo, te sentirás feliz, inmensamente feliz al ver que "la muerte no es el final del camino".  En tu felicidad ya eterna, un fuerte abrazo desde Granada.

 

martes, 13 de enero de 2026

EL BELÉN DE MANOLÍN

 

Tras la festividad de los Reyes  Magos, la  Navidad en nuestro pueblo, en lo que se refiere a belenes,  es ya un poco  historia.  Ha comenzado el desmantelamiento de los belenes, a  guardar con sumo cuidado las figuritas, el portalico, los molinos, los pastores, las ovejitas...  en las cajas de los buenos recuerdos,  pensando en el próximo año.  Y uno de esos  belenes, no sé si alguno más en el pueblo,   nos ha dicho adiós sin demasiada publicidad.  Es el caso del belén de Manolo Hita, Manolín como le llamamos cariñosamente. 

Expuesto en el salón de su casa, no hemos tenido ocasión de disfrutar de  su belén, muy original e inmensamente artístico, como han tenido la suerte de disfrutarlo sus hijos y sus nietos.  Involuntariamente, ha pasado desapercibido para los vecinos. ¡Qué pena!   

Ya guardado, su silencio clama, con todo derecho,  a ser exhibido en diciembre próximo para que,  cundiendo  el ejemplo, mantengamos en  Huétor Santillán su gran tradición belenista.    

He aquí dos  imágenes  del belén de Manolín,  que han cantado en los pasados días navideños,  la belleza del misterio de Belén con gran sentido  estético e histórico.



 

sábado, 3 de enero de 2026

BELENES EN HUÉTOR SANTILLÁN

 


                            ( Pablo de Acacio)                                                            (Pablo de Acacio)) 

  •                                           (Luis de la Posailla)                                                    Luis de la Posailla)
    •                                                

            (Luis de la Posailla)

    He tenido la feliz ocasión de visitar los respectivos belenes de Luís de la Posaílla y Pablo de Acacio.  He gozado mucho, y mis nietos han gozado inmensamente más. Cada  rincón de esa magia navideña habla de habilidad manual, de artesanía, de artística composición escénica con su estructura de arcilla, piedra, madera, vegetación, iluminación… Ahí,  la destreza y sensibilidad predican horas y horas de mucha dedicación.  Su nivel de “realismo” hace que las figuras cobren vida en ese escenario que nos transporta cumplidamente al misterio.  

     En medio de nuestro vivir diario, a veces tan tedioso,  es un privilegio contar con artistas, maestros del belenismo, capaces de  mantener viva una tradición que es, ante todo,  inspiración, espiritualidad, poesía, en definitiva, luz. Han sabido elevar sus belenes a la categoría de arte y patrimonio cultural hueteño.  Hoy, es obligado recordar la tradición belenista de Raimundo y Tino y de  nuestra iglesia parroquial. Este año “nos han castigado”  sin el manjar de su arte navideño. ¡Qué pena!

    Toda la magia pascual que se percibe en cada belén, se transmite en ese gesto de admiración de mis nietos, Hugo y Leo, que escudriñaban  sorprendidos, palmo a palmo, todo el recorrido belenista. ¡Pura catequesis sobre este Niño-Dios que viene a salvarnos!... Si supiéramos detenernos en silencio ante este Niño, de noble barro cocido, entenderíamos la ternura de Dios. Y quizá yo mismo entendería por qué el corazón de unos niños, en este caso de mis nietos,  latían, transidos de asombro, sorpresa y gozo ante  un montaje de caminos y riachuelos, de pastores y ovejas, de  reyes magos y estrellas,  de ratoncillo y búho,  de paisajes conocidos como el cerro de la Cruz, la Posailla, la Plaza del pueblo y  un portalico con el buey, la mula y el Niño recostado en el pesebre entre María y José. ¡Todo un mundo de alegría proclamado en miniatura!

    Ciertamente, hay una alegría que solo la pueden disfrutar quienes se abren, como niños, a la cercanía de Dios y se dejan atraer por su ternura. Los belenes  reflejan ese misterio que da origen a nuestro regocijo. Son un espejo que muestra  que la Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira estos días en las calles. Ante los belenes,  mis nietos han gozado, no de un hecho que ya pasó, sino de “algo que sigue pasando”. Avivan el rescoldo de las ilusiones que, al paso de los días, no debe irse apagando. 

    ¡Feliz Año Nuevo! …Y que venga cargado de 2026  utopías de las que podamos hacer acopio para gozar de mucha paz y mucha alegría.