Una auténtica tragedia humanitaria con vidas humanas segadas con números inciertos. Muertos
en brazos de la esperanza. Ilusiones de un mundo mejor, enfrentadas a
frustraciones, sufrimiento y muerte. ¿Ante
esta tragedia, qué decir de la dignidad de todo ser humano?
El miedo con el que han vivido estos días los ceutíes, entre ellos
mis primos, se han visto heridos en sus espacios vitales. El inmenso reto se lo
juegan ante las consecuencias, tras la tormenta humana y el proceso de
integración en nuestro país de los
propios jóvenes lanzados a la deriva por las mafias y una política migratoria
nefasta.
Lejos de posiciones ideológicas, nuestra fe cristiana ha de dar
razones que, quizá, la misma razón no entienda. Ante el reto migratorio no
bastan respuestas simples, inculpatorias o parciales. Lo ha dejado muy claro el Papa en su reciente
visita pastoral a nuestro país.