domingo, 27 de septiembre de 2026

EN TU SOLEDAD

 


En tu soledad, Madre,
he aprendido a mirar,
          ¡he aprendido a amar!...

Tal vez,
porque en tu soledad eres el lienzo
donde has enjugado las penas
de tanta humanidad sufriente.

Tal vez, porque en tu soledad eres
también el hogar
donde ha hallado abrigo la multitud
sedienta de Dios.

Sí,  Madre. Tu soledad
es el refugio
donde han llorado sus tristezas
tus hijos de padre maltratador.

Tu soledad...
esa que sufren tantos niños
en el desafiante
umbral infinito de la pobreza.

Y la soledad anónima, inmolada,
de tantas madres...

Tu soledad, Madre,
¡oh misterio!,
es testigo de la brutalidad ensañada
en tu Hijo crucificado.
            ... ¡Y Tú siempre al pie de su  cruz!

Procesionada hoy sobre nuestros asfaltos,
Señora de la Soledad,

Virgen de las Angustias,
Tú eres la firmeza de nuestra fe.
Esperanza del Cristo mundial
resucitado, definitivamente.