sábado, 20 de febrero de 2021
EL PLAZO
miércoles, 3 de febrero de 2021
SAN CECILIO
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| Relicario de san Cecilio |
Cada 1 de febrero, desde 1599, Granada sube al Sacromonte a honrar a su santo patrón san Cecilio. Cuenta la Tradición que vino desde Tierra Santa a predicar a Ilíberis, enviado por los apóstoles Pedro y Pablo, junto a otros seis varones apostólicos. Y aquí murió martirizado por orden de Nerón en el año 56, siendo el primer obispo que tuvo Granada. La extraordinaria aparición (siglo XVI) en la torre Turpiana y en el monte de Valparaíso, hoy Sacromonte, de una serie de reliquias, entre ellas las supuestas cenizas del santo mártir, el hallazgo de una lámina que indicaba que su martirio tuvo lugar en el monte Ilipulitano, y de los Libros plúmbeos, intensificaron la devoción y el culto al santo obispo en Granada. A pesar de la polémica suscitada por los hallazgos, considerados actualmente un intento sicrético de la comunidad morisca para evitar la expulsión de Granada, que finalmente acabó produciéndose, un concilio local celebrado en 1600 declaró auténticas las reliquias encontradas, mientras que los Libros plúmbeos, tras numerosas vicisitudes, fueron declarados falsos. Para venerar los restos de los santos mártires, el arzobispo de Granada, Pedro Vaca de Castro, impulsó la construcción de la Abadía del Sacromonte, a comienzos del siglo xvii, como complejo cultural y religioso.
SAN CECILIO
(Dedicado a mis hermanos del Coro Mozárabe .)
las leyendas, los recuerdos y ritos
que iluminan paisajes infinitos
desde nuestro solar sacromontano.
Valparaíso te honra no en vano:
ecos de misterio, música y mitos
voltean las campanas a gritos
mientras vamos contigo de la mano.
¡Cuánto nos dicen, mártir, estos muros
con tu cuerpo en cal viva calcinado,
Siguiendo el Camino, ¡cuántos maduros
frutos por tu fe y sangre has cosechado!
domingo, 24 de enero de 2021
ENTRE LAS REDES
... Estaban en la barca repasando las redes (Mc. 1,14-20). Y comenzó a llamar a sus primeros discípulos para llevar adelante su misión. Herodes, encarcelando a Juan, pensó que con esto se iba a terminar la fiebre del Reino, pero lo que hizo fue avivarla más… La llamada de Jesús veda toda espera pasiva. No se trata de oírla como los discípulos de los escribas, sino de escucharla y abrazar el Evangelio. La tibieza no se tolera, tampoco la vacilación.
Como Simón y Andrés,
como Santiago y Juan,
andaba yo entre mis redes,
cuando he oído tu llamada…
Me invitas, Maestro,
a ser discípulo tuyo en estado puro,
lejos de las comparsas del corazón.
Me llamas a enrolarme en tu tarea,
a asumir tu misión sin utopías,
sin seducciones que agrieten aún más
las esquinas de mi alma.
Pero… algo
me impide seguirte a Ti, Señor,
que pasas junto al lago de mi vida.
Es la espesura de mis redes,
¡maraña de rosas, que sueña mi pobre andar!
Me llamas
como a Simón y a Andrés,
como a Santiago y a Juan.
Me llamas.
Me llamas a desenredar todo vasallaje,
a desandar caminos
de barcas y redes.
Me invitas
-¡feliz de mí, que se ha cumplido el plazo!-
a pescar de otra manera
en la mar globalizada de los hermanos,
entroncada en tu novedad.
Y pues me has confiado tu faena,
suene de nuevo tu llamada en mi Genesareth,
que yo canjearé, Señor,
el rumbo de mis redes.
martes, 19 de enero de 2021
CONFIDENCIA
El texto de Jn. 1, 35-42 es uno de los pasajes evangélicos
que más me apasiona del Nuevo Testamento. Permitidme esta confidencia. Se ha
proclamado en la liturgia del pasado domingo.
En él hemos contemplado a dos discípulos de Juan Bautista, uno de ellos Andrés
y el otro posiblemente Juan, el “discípulo amado”, quienes orientados por el
propio Bautista, se ponen a seguir a Jesús. Caminan tras Él en silencio hasta que
Jesús se vuelve y les pregunta: ¿Qué
buscáis?, como diciendo ¿qué queréis de mí? Ellos le responden: Rabí, ¿dónde vives?, como diciendo ¿cuál
es el secreto de tu vida? Jesús les contesta: Venid y veréis. Este diálogo nos lleva a lo esencial de la fe
cristiana. Es búsqueda, en primer lugar. Buscar a alguien. En la búsqueda, los
discípulos cual zahoríes descubren al Mesías, como manantial de vida y libertad.
Intercambio de miradas… Denso y comprometido
encuentro. Encuentro que, pasados veinte siglos, nos dinamiza desde dentro,
haciéndonos dóciles al impulso interior bajo el asombro de la cercanía divina.
Nace la fe en ellos como un místico combinado entre la iniciativa divina y la libertad humana. Se embarcan en la pasión de pasar todo el día a su lado. y abandonar sus “seguridades” donde viven, y remar en el mar de la esencia evangélica… que no es otra que el Reino de Dios. Un Reino cuyo sentido último es orientar la vida a construir un mundo más humano. Reino que comienza aquí, en mi entorno, y alcanza su plenitud en la vida eterna. Si quiero vivir la experiencia de lo que es creer en Cristo, debo movilizar todo mi mundo interior, a sabiendas de que sólo Jesús merece ser seguido. Es la fe que implica radicalidad. Elección y ruptura. Abandonar la ribera gratuita del Jordán (¡de mi Jordán!) y asumir la misión comprometida de seguir un Camino nuevo, imprevisto, refrendo decisivo rubricado por el inmenso gozo de saber “dónde vivía y quedarse con Él todo el día desde las cuatro de la tarde”… Aquel encuentro debió producirles una impresión tan profunda, que Andrés, encontrando a su hermano Simón, lo llevó a Jesús. ¡Misión del cristiano!
domingo, 10 de enero de 2021
Y SUEÑO
martes, 5 de enero de 2021
NOCHE DE REYES
DESGARRO EN
NOCHE DE REYES
Tarde de estreno enero. Tarde
de inocente griterío, de sorpresas y juguetes,
tarde de serpentinas y caramelos. Tarde
de frío, mil gotas jugando a
nieve.
Plazas, calles, coches,
muchos en peleas de claxon. Murmullos sin alma.
Desde mi volante, veo a ratos, sólo a ratos,
al mendigo, colilla entre labios, cabizbajo,
atuendo a jirones, mochila
sobre lomo desgarrado…
Su mirada perdida en el absurdo navideño.
Y gentes más perdidas entre sus celofanes.
Detengo mi volante. Trato de aparcar
para comprarle calor humano.
Por detrás, me gritan con
parpadeo vecino,
Insistentemente. Acelero. Prisas, muchas prisas…
Aquel hombre quedó atrás con su silencio,
su pasamontañas viejo y negro,
su colilla entre labios ya apagada,
y sus
escarpines raídos
golpeando
heladamente el suelo.
Y en el
escaparate de la izquierda, gentío,
entre
villancicos, estrellas, pastores, magos,
y un bello niño
recostado en inmensa ausencia,
¡sin
lamentos!






