Celebramos
hoy a los santos y santas que han sido canonizados por la Iglesia a propósito
de sus virtudes heroicas. Pero de manera especial, la fiesta de hoy nos invita
a celebrar a tantas personas buenas, “santas”, que hemos conocido en nuestra
vida. Son las personas que se sienten pobres ante Dios, partidarios de la no
violencia en medio de un mundo violento, los que lloran por cualquier tipo de
desgracia propia o ajena, los que tienen hambre y sed de cumplir la voluntad de
Dios, los misericordiosos que se
compadecen ante el sufrimiento ajeno, en vez de cerrar sus entrañas al que
sufre, los que trabajan por la paz, los
limpios de corazón que no se dejan manchar por el poder, el prestigio, la ambición…
A diferencia
de los políticos, con sus vanas promesas
y mentiras para ganar votos, el Evangelio de Jesús proclama que, a pesar de nuestros cansancios,
sufrimientos y decepciones, somos humanidad en marcha, gente anónima que camina
por el mundo haciendo el bien, atraída por los caminos tortuosos de la historia.
En vísperas
de la Festividad de Difuntos, la Iglesia
nos invita a vivir con mayor intensidad el presente y valorar cada instante
como un regalo de Dios. Recordamos a nuestros seres queridos que han partido y
gozan ya de la plenitud de la vida.

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