sábado, 4 de abril de 2020

LAS SIETE PALABRAS



El silencio de Jesús durante sus últimas horas de pasión, sólo interrumpido por sus “siete palabras”, es sobrecogedor. Palabras que son el eco de los calvarios de nuestro mundo. Los de Cristo son los lamentos de dolor de tantos que continúan crucificados hoy.  Los evangelistas han recogido estas  palabras suyas en la cruz. Son muy breves, pero muy meditadas por las primeras comunidades cristianas, hasta hoy.

1.-  “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34) Callaba camino del matadero, sumiso al beso traicionado, pastor herido en la huida de sus propias ovejas.  Imagino su tierna mirada a Judas, a Pedro, a Pilato, a la Verónica, al Cireneo, a su propia Madre… Y mientras se oye el martilleo sobre la cruz, su estremecimiento y su grito de dolor se tradujo en “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
En los Gólgotas de nuestro mundo, resuena el perdón de las setenta veces siete… Desde entonces la dulzura del perdón es presencia del cristiano en la adversidad de la vida. La sociedad verdugo será crucificada en su propia maldad.  Pero en Él somos salvos. Su crucifixión es el lenguaje del perdón…

2.- “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Reino de los cielos” (Lc 23:43)  ¡Silencio en el planeta del coronavirus!… La palabra del Cordero ya inmolado dirigida a su vecino del  madero, no se confunda con el griterío sediento de sangre… No le pide explicaciones a su vandalismo de ayer. Simplemente, convertido en su instante de vida,  nace en él un digno candidato para ser inquilino de reino de los cielos. Es la auténtica liturgia que salva. Un gesto sublime del Nazareno que nos revela la misericordia  insondable del buen Dios.
Desde entonces son muchos los que hacen posible que la gente más marginada tenga un paraíso, refugiados, ancianos del desecho, niños abandonados, enfermos entre respiradores, inmigrantes, alumnos del sida…

3.- “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. “Hijo, aquí tienes a tu madre” (Jn 19:26-27). La esperanza luce blanca en medio de la tiniebla humana. El corazón traspasado de María será cuna filial de una humanidad que desespera. Ella, al pie de su Hijo maltratado, es espejo donde muchas mujeres se mirarán para hacerse cargo del niño que no es suyo. La humanidad ha dejado de ser huérfana a pesar de la ejecución del Novio. El niño abandonado dormirá de nuevo en brazos de la madre. ¡Locura de amor! En medio de la crueldad que vive en su carne lacerada, al Nazareno le queda aún arrojo en su corazón para mirar al discípulo amado y hacerse solidario de su orfandad. Y también para acariciar la soledad de la Madre a quien no tocó el pecado, pero sí la injusticia de los sumos sacerdotes y gobernadores....

4.- “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” (Mc 15:34 y Mt 27:46), ¡Sinceridad abrumadora! El Nazareno siente que su Abba querido lo está abandonando. Las heridas abiertas son la razón de su queja… Se identifica  con todas las víctimas de la historia, pidiendo a Dios alguna explicación a tanta injusticia, abandono y sufrimiento. En sus labios de abatido entre clavos y lanzada, reclama una respuesta del buen Dios, más allá de la muerte. Humanidad con dolores de parto en sus gritos, siempre sin respuesta… ¡Quejidos de inocentes mujeres maltratadas, de cándidos niños en manos de pedófilos, subsaharianos tragados en los mares, de pacientes abandonados a su suerte por el pecado de ser ancianos, de los moribundos abandonados en su soledad!  ¡Ausencia de Dios Padre!
El Hijo del carpintero no se rebela contra el Padre. Es un Job paciente. Tenazmente sigue confiando en un Padre que siempre esconde en su interior un misterio de amor. El salmo 22 iniciado por Jesús termina con un abandono confiado en las manos providentes de Yahveh.

5.- “Tengo sed”  (Jn. 19:28)  Es la expresión del cansancio y el ahogo de Jesús en la cruz. Palabra que recoge el discípulo amado intérprete del corazón del Maestro. Sed por encima del vinagre de la vida… Sed de justicia, de libertad, de fraternidad. Sed de lienzos para hacer más batas y mascarillas, sed de más líneas aéreas para mayor gloria de la solidaridad global, sed de mensajes cordiales que animan a destruir desesperaciones…
En este grito de Jesús está el reconocimiento de tantas personas involucradas desde hospitales y residencias de ancianos, desde los balcones impartiendo alientos y esperanza, desde los confinamientos por cumplir el protocolo humanitario… Sed de Amnistías, de Sin Fronteras, sed de Iglesias de los pobres, sed de espacios donde las relaciones fraternas pongan al descubierto la verdadera imagen de Dios.

6.- “Todo se ha cumplido” (Jn 19:30). ¿Nos anulamos al filo de nuestro cáliz? ¿No sentimos derrotados ante los continuos tropiezos con las piedras que forman parte de nuestro camino? ¿Nos cruzamos de brazos derramando lágrimas insolidarias, insolventes? ¿Cuando pase este tsunamis planetario volveremos a las andadas, lejos de las alegrías de vivir como hermanos? Nada se ha cumplido si las palabras de Jesús no se reproducen en la firmeza y valentía que animan a levantarse y adentrarnos en el camino de Emaús donde el Cristo triunfante levantará el pan de la fraternidad. Ya despunta el Sol por los aledaños de nuestras Galileas,  lejos de desalientos, de cobardías, de ritos litúrgicos infructuosos, perecederos…

7.- “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23:46). Triunfo de la fe por encima de toda adversidad. Triunfo de la fidelidad por encima de los imponderables  decaimientos. Triunfo de la constancia en un mundo renovado tras el Covid-19.
Una vez más, expresa la confianza de Jesús en  su Abba. Son palabras que se hacen realidad en los que viven con fidelidad y trabajan hasta la muerte para poner paz, para compartir el amor, para abrir caminos de esperanza…
Al fin, el Padre del Cielo romperá su silencio y nos resucitará en la resurrección de su único Hijo, a quien hemos de escuchar, una vez desechadas la vendas y los sudarios de una humanidad nueva  fortalecida tras el cataclismo viral.


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